Una vez finalizada la recolección de la aceituna, el olivicultor se enfrenta a una de las labores más importantes del manejo del olivar: la poda.
Desde la Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía (RAIF) recuerdan que desde antiguo esta práctica ha sido considerada clave, ya que de su correcta ejecución depende en gran medida la producción futura, la regularidad de las cosechas y la rentabilidad de la explotación.
La poda no consiste únicamente en cortar ramas. Cada intervención modifica el equilibrio interno del árbol, especialmente las relaciones hoja/raíz y hoja/madera. El objetivo debe ser siempre mejorar ese equilibrio, orientándolo hacia una mayor eficiencia productiva del olivo.
Principios agronómicos básicos de la poda
Equilibrar crecimiento y producción
El olivo no solo debe producir aceituna en la campaña actual, sino preparar la siguiente. La cosecha se forma sobre brotes del año anterior, por lo que una poda inadecuada puede provocar desequilibrios que deriven en vecería (alternancia de cosechas).
Un exceso de madera y poca hoja obliga al árbol a gastar energía en aumento de ésta, en lugar de formar brotes productivos. Este problema es más acusado en olivares envejecidos.
Reducir el periodo improductivo
En olivares jóvenes, la entrada temprana en producción se consigue evitando podas intensas. Es preferible realizar intervenciones suaves y frecuentes, especialmente en poda de formación, para no romper el equilibrio hoja/raíz ni frenar el desarrollo del árbol.
Prolongar la vida productiva del olivar
Cuando una rama empieza a mostrar síntomas de envejecimiento (mucha madera, poca brotación y baja producción), es necesario plantear su renovación. Esta renovación debe hacerse de forma progresiva, sin adelantarla en exceso ni realizarla de manera brusca, ya que una poda demasiado fuerte reduce la cosecha y debilita el vigor del árbol.
Evitar el envejecimiento prematuro del árbol
Un olivo bien manejado puede mantener una vida productiva ilimitadamente, incluso en secano. Para ello es fundamental conservar los troncos sanos y un sistema radicular activo, bien alimentado por la savia elaborada en las hojas. Las podas severas y repetidas acortan esta vida útil.
Ajustar la poda a su coste económico
La poda debe ser eficaz, pero también rentable. Trabajos excesivamente minuciosos o el uso inadecuado de herramientas encarecen la operación sin aportar beneficios reales. Una poda clara, lógica y bien planificada reduce costes y mejora resultados.
Adaptar la poda a la disponibilidad de agua
En nuestra zona, el agua es el principal factor limitante. La poda debe de mantener árboles con copa de volumen máximo compatible con las disponibilidades medias de agua. Una copa desmesurada, con excesiva cantidad de hojas y superficie de fructificación grande, transpira y gasta mucha agua durante la primavera, lo que va en detrimento del desarrollo del fruto en verano, dando lugar a frutos pequeños y con poca pulpa, lo que reducirá sensiblemente el rendimiento graso.
Diferencias entre secano y regadío
En secano, la poda debe ser especialmente prudente, manteniendo el volumen de copa dentro de los límites que permita el suelo y la pluviometría. El objetivo es adaptar el árbol a la capacidad productiva del medio, sin alterar sensiblemente su fisiología.
En regadío, puede reducirse la intensidad de la poda siempre que no se comprometa la iluminación interior del árbol. Un mayor volumen de copa bien con una correcta iluminación permite alcanzar un mayor potencial productivo.
La poda del olivo no es una labor rutinaria, sino una herramienta estratégica. Bien planteada, permite regular la producción, alargar la vida útil del olivar, optimizar el uso del agua y mejorar la rentabilidad de la explotación. Cada corte debe tener un objetivo claro: ayudar al árbol a producir mejor y de forma más regular en el tiempo.
Imagen: ASAJA Jaén
























