La poda, clave para los viñedos de La Mancha

Busca una reducción de volumen leñoso de la vid

poda del viñedo

Con los vinos jóvenes ya en el mercado, tras una vendimia 2025 recordada por su excelente calidad (y corta producción por el tórrido verano pasado) la vid alcanza su periodo de letargo en el viñedo con la plena entrada del invierno.

Labores de poda

Un periodo navideño que no se traduce necesariamente en descanso para los viticultores, que se afanan en estas semanas en la realización de labores como la poda, fundamentales para garantizar un mejor estado sanitario de la planta, asegurando un equilibrio productivo con vistas a la próxima añada.

De las yemas de la cepa emergerán los pámpanos de la próxima campaña y dependiendo del número que se deje en la poda se podrá regular la posible cantidad de cosecha, obviamente pendientes de la meteorología no tenga otros planes.

Por ello, desde la Denominación de Origen La Mancha se matiza la importancia en estos cortes selectivos de poda en seco (poda invernal) en un cultivo leñoso como la vid, que pueden controlar o conducir la producción hacia rendimientos productivos de calidad si se realiza convenientemente.

Como explica, Miguel Luis Casero, viticultor y vocal en el Consejo Regulador, “hay que mirar cada cepa porque dentro de una viña, son diferentes y hacer una poda proporcional a la fuerza que tenga la cepa. En una producción de calidad, necesitaríamos una producción media”.

Reducción de volumen leñoso de la vid

En esencia, con la poda se busca una reducción de volumen leñoso de la vid, descartando en número aquellos sarmientos que no permitan una mejor producción de los racimos. Cuando nos encontramos, por ejemplo, ante un sistema de conducción de viña en espaldera, la poda debe realizarse con “cuatro o cinco pulgares a cada lado del brazo lo que nos daría una producción de calidad para el próximo año. Así se queda ya preparada para la poda del año siguiente”.

Más tradicional en la estampa manchega, la poda en vaso en variedades autóctonas como la Airén, exige también una selección adecuada de los cortes buscando un “recogimiento de la vid”, cortando los pulgares viejos (pequeños sarmientos) y dejando el pulgar nuevo normalmente con dos yemas.

Ángel Muela, podador en Pedro Muñoz, explica como “dirían agricultores  mayores” cómo una buena poda debe ser limpia, dejando “a la cepa como si fuera una pequeña butaca o silla donde poder sentarse”.

Ya a finales de la primavera, la poda invernal se suele complementar con otra poda en verde, una labor que puede completar el proceso iniciado cuando la planta vivía el letargo invernal, eliminando posteriormente los sarmientos no útiles, todavía en su fase clorofílica.

En definitiva, esto permite limpiar mejor la cepa, descargando mejor la planta y descartando aquellos brotes imperfectos o poco fértiles.

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