La Unión de Agricultores y Ganaderos de Castilla-La Mancha alerta de que la plaga de conejos ya no es solo un problema agrario, sino “una amenaza directa” para la seguridad de las infraestructuras públicas y de las vías de comunicación, con un riesgo real de accidentes si no se actúa de forma inmediata y preventiva.
Afirman que la proliferación incontrolada del conejo de monte está generando un problema estructural que afecta de forma transversal a carreteras, caminos rurales, autovías, líneas ferroviarias, canales, embalses y otras obras hidráulicas, con especial preocupación en infraestructuras que soportan tráfico rodado y ferroviario, incluidas las líneas de alta velocidad.
Añaden que este riesgo estructural “no es nuevo ni desconocido por las administraciones”. Recuerdan que en 2008 un informe de la Demarcación de Carreteras del Estado en Castilla-La Mancha advertía de que los conejos “están minando los terraplenes de las carreteras y, de no poner pronto remedio, llegará un momento en que peligrará la estabilidad de los terraplenes y posiblemente sea necesario inyectar en las madrigueras”.
Por ello, señalan que este informe técnico demuestra que “el problema lleva años siendo conocido, documentado y advertido, sin que se haya actuado con la contundencia necesaria”.
Informes técnicos advierten de que la intensa actividad excavadora del conejo provoca madrigueras, galerías y huecos subterráneos que originan pérdida de compactación del terreno, asientos diferenciales y debilitamiento progresivo de taludes y terraplenes.
Estas afecciones, acumuladas en el tiempo, incrementan de forma significativa el riesgo de hundimientos, desprendimientos, deformaciones del firme y fallos estructurales, con el consiguiente peligro de interrupciones del servicio y accidentes en vías de comunicación con tráfico continuo y cargas dinámicas elevadas.
Cuestión de seguridad pública
La organización agraria advierte de que el problema debe abordarse como una cuestión de seguridad pública y de protección de infraestructuras críticas.
Daños agrarios
A esta situación se suma que, durante este año, los daños agrícolas provocados por el conejo están siendo especialmente arrasadores.
Tras arrasar amplias superficies de cereal, la plaga se está desplazando a los cultivos leñosos, como viñedo, olivar, pistacho y almendro, donde los animales anillan los troncos, provocando la muerte definitiva de las plantas y pérdidas irreversibles para las explotaciones.
“La gravedad de la situación va en aumento. Ya no hablamos solo de pérdidas de cosecha, sino de la destrucción total de plantaciones que requieren años para entrar en producción y de un riesgo creciente para infraestructuras por las que circulan miles de personas cada día”, señalan desde la Unión de Agricultores y Ganaderos de Castilla La Mancha.


























