Las familias toman el relevo a los fondos y grandes empresas en la compra de fincas rústicas

Según el Informe Cocampo sobre la Inversión en Fincas Rústicas en 2025

fincas rústicas

El campo español vive un cambio de protagonistas. Según el Informe Cocampo sobre la Inversión en Fincas Rústicas en 2025, las familias y los pequeños inversores han tomado el relevo a los fondos y grandes empresas como principales compradores de fincas rústicas en España.

En un contexto de vivienda urbana cara y cada vez más regulada, las fincas de recreo y las microfincas con casa y terreno se están consolidando como alternativa para el ahorro familiar.

La finca rústica deja de ser un activo marginal para convertirse en valor refugio, capaz de combinar inversión, uso y proyecto de vida.

El documento, elaborado a partir de datos oficiales, operaciones conocidas y la actividad observada en la plataforma de Cocampo, confirma que el campo está atrayendo a nuevos perfiles que buscan diversificar su patrimonio y ganar calidad de vida.

Del piso al campo: la finca rústica como nuevo valor refugio

Cocampo observa que cada vez más familias desplazan parte de su ahorro de la ciudad al campo. El informe identifica tres motivos principales: la búsqueda de un activo tangible y limitado como la tierra, que sirva de refugio de valor a largo plazo; el deseo de disponer de un espacio de uso y disfrute, en forma de finca de recreo o microfinca con vivienda, huerto y naturaleza; y la posibilidad de desarrollar pequeños proyectos económicos (agricultura de nicho, ganadería, turismo rural, actividades de ocio).

“Estamos viendo a muchas familias que, ante la dificultad de acceder a la vivienda que quieren en la ciudad, deciden invertir en una finca rústica. No es solo una decisión financiera: es una forma de comprar tiempo, espacio y calidad de vida”, explican desde Cocampo.

Fondos y grandes empresas: menos protagonismo, más prudencia

El informe muestra que, aunque los fondos agro, los fondos forestales y las grandes corporaciones siguen activos, su papel ya no es tan dominante como en años anteriores. La presión sobre los precios de la tierra, especialmente en regadío y cultivos leñosos, y la incertidumbre regulatoria han llevado a estos actores a moverse con más prudencia y selectividad.

En el ámbito de las energías renovables, la nota de Cocampo apunta a un frenazo en nuevos proyectos fotovoltaicos y eólicos sobre suelo rústico, con la excepción de los biocombustibles, donde sí se mantiene actividad aunque con menor impacto en superficie. Otras empresas industriales —data centers, parques logísticos o proyectos turísticos— mantienen un perfil discreto pero relevante en determinadas ubicaciones.

Agricultores y ganaderos: entre la presión y la oportunidad

Los pequeños y medianos agricultores y ganaderos siguen sometidos a la presión del relevo generacional y de la necesidad de ganar dimensión para ser rentables. El buen año de lluvias ha dado un respiro a muchas explotaciones de secano, mientras que la mejora de precios ha convertido a los ganaderos —especialmente en explotaciones extensivas de vacuno— en uno de los perfiles más activos en la compra de fincas.

Desaparición de los pequeños propietarios

Al mismo tiempo, Cocampo advierte de que los pequeños propietarios continúan desapareciendo de forma progresiva. Aquellos que logran crecer hasta convertirse en explotaciones de tamaño medio, incorporar tecnología y profesionalizar su gestión se consolidan como los grandes ganadores de un mercado agro en plena transformación.

Mercosur y nueva PAC

Más allá del comportamiento de los distintos actores, el informe subraya el impacto del contexto político y social europeo en las decisiones de inversión.

En paralelo, el debate sobre Mercosur, la nueva PAC y el origen de los alimentos está poniendo al campo en el centro de la agenda política y mediática, lo que previsiblemente traerá nuevas ayudas e incentivos al medio rural.

La preocupación del consumidor por la calidad, el origen y la sostenibilidad de lo que come, unida a las discusiones sobre la competencia de terceros países y el diseño futuro de las ayudas agrarias, refuerza la idea de que el campo ya no es solo paisaje: es un sector estratégico cuya renta y estabilidad importan.

En esta misma línea, Cocampo valora positivamente el anuncio del Gobierno de una plataforma para movilizar fincas rústicas públicas destinadas a jóvenes agricultores, pero recuerda que su éxito dependerá de que se apoye en datos fiables, transparencia y colaboración público-privada que permitan conectar la tierra disponible con proyectos realmente viables.

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