Greenpeace ha publicado este jueves su informe “El campo franquiciado: cómo los fondos de inversión han cambiado el olivar español”, donde evidencia la transformación radical y acelerada de la agricultura en España, con la irrupción de fondos de inversión internacionales y grandes capitales que desplazan el modelo de agricultura familiar.
Indican que este fenómeno, denominado ‘agribusiness’ (agronegocio), está concentrando recursos críticos, como el agua y las subvenciones públicas, provocando una pérdida masiva de soberanía, agrobiodiversidad y puestos de trabajo en las zonas rurales.
En solo una década, el número de fondos de inversión especializados en agricultura a nivel mundial ha crecido de 41, en 2015, a una previsión, a falta de datos de confirmación, de más de 1.000 en 2025.
En la península ibérica, el negocio del agribusiness ha pasado de inyectar inversiones de 800 millones en 2021, hasta triplicarse en 2023, con 2.200 millones de euros anuales. Hasta mayo de 2025, se habían cerrado inversiones por otros 400 millones y estaban en negociación 3.000 millones más.
“Lo que los fondos buitre están haciendo con la vivienda -acaparar, especular y expulsar a la gente- lo están replicando ahora en el campo: concentran tierra, agua y ayudas públicas, mientras dejan fuera a quienes lo han trabajado toda la vida. Además, este modelo se maquilla de eficiencia, pero es concentración y acaparamiento de recursos hídricos, en un contexto de emergencia climática”, explica Helena Moreno, responsable de Agricultura en Greenpeace.
Regadío y desigualdad
Desde Greenpeace indican que el acceso al agua se ha convertido en el factor determinante para la rentabilidad de los nuevos modelos superintensivos promovidos por estos grandes grupos.
En el caso del olivar, donde el informe ha puesto su foco por ser uno de los productos emblema del país, apuntan que el modelo superintensivo en regadío está generando una desigualdad intrínseca en el propio sector.
Planes hidrológicos
Los planes hidrológicos de cuenca se han encargado de beneficiarles, en las dotaciones de agua por hectárea y año, dando mayor volumen de agua al olivar superintensivo respecto al modelo tradicional en regadío, lo que han considerado como un agravio comparativo las organizaciones de pequeños y medianos agricultores, lamentan.
Indican que la minoría poderosa de este modelo de “agribusiness” es la que se ve beneficiada. Cuando hay sequía, el olivar tradicional, el mayoritario, produce muy poco (por falta de lluvia o restricciones de riego), lo que reduce la cosecha total y sube los precios. En cambio, el olivar superintensivo mantiene buena producción y es el principal beneficiado de esa subida.
“En un país de sequías recurrentes, los legisladores se han encargado de proteger el acceso al agua de esta minoría poderosa, aunque haya supuesto ir en contra de los agricultores y agricultoras tradicionales, mucho más numerosos y ligados al territorio”, agrega Moreno

























