¿Cómo afecta la propiedad intelectual a plantas y semillas?

campo cereales

Cada 26 de abril se celebra el Día Mundial de la Propiedad Intelectual e Industrial, con el fin de recordar a la ciudadanía cómo la defensa de los derechos de propiedad fortalece de manera directa la innovación y la creatividad. Los derechos de propiedad intelectual e industrial son esenciales para el desarrollo de sectores tan importantes como el de la música, los libros, el cine, y para el impulso de los descubrimientos científicos e industriales, entre ellos, los relacionados con la agricultura y la alimentación.

La Asociación Nacional de Obtentores Vegetales (ANOVE) ha querido sumarse a la celebración de este día, ya que, su misión es fomentar el conocimiento de la mejora vegetal y contribuir al desarrollo del sector agroalimentario mediante la investigación científica y la innovación. Para ANOVE es una “excelente oportunidad de mostrar la estrecha relación que existe entre la investigación y la innovación y el sector agroalimentario.”. Su director general, Antonio Villarroel, explica que “la innovación en semillas y variedades vegetales resulta fundamental para poder satisfacer las demandas de los agricultores, especialmente en un proceso de cambio climático como el actual, que a todos tanto nos preocupa”.

La imprescindible investigación en el sector agrario

Según datos ofrecidos por ANOVE, los incrementos de productividad han sido espectaculares en todos los cultivos desde la década de los sesenta, creciendo entre el 1% y el 3% anual. Además, según se desprende de un meta-análisis realizado por el Instituto Cerdá comparando diversos estudios, se estima que, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, el 50% del aumento de la productividad agrícola mundial fue posible gracias a la mejora vegetal. Como apuntó Villarroel, “la investigación y mejora genética ha permitido durante las últimas décadas obtener resultados que los agricultores individualmente hubieran tardado siglos en conseguir”.

Al aplicar la investigación científica y la tecnología a la mejora de semillas y plantas se consigue aumentar sustancialmente la eficiencia y la productividad. Esta investigación de vanguardia ha sido y es, por tanto, una apuesta constante y decidida por parte de las empresas del sector. De acuerdo con Villarroel “las entidades asociadas en ANOVE invierten entre el 20% y el 30% de su facturación en I+D+i” Además, “dedican como promedio el 38% de su personal a esta labor fundamental de investigación, lo que supone en España unas 2.500 personas aproximadamente” añadió.

Producción mundial de alimentos

Por otro lado, según explica Villarroel, “gracias a la innovación en mejora vegetal, la producción mundial de alimentos no deja de aumentar, lo cual deriva en precios más estables de las cosechas y en beneficios directos para agricultores, productores y consumidores, que disfrutan de más alimentos frescos de absoluta calidad y seguridad, con nuevas presentaciones, diferentes tamaños y texturas, nutritivos, con más sabor y con precios asequibles”. “Si todo ello es posible es gracias a la investigación genética que llevan a cabo los obtentores vegetales” comentó Villarroel.

La mejora vegetal y el valor de los royalties

La mejora vegetal de semillas y plantas es, según subrayó Villarroel, “una actividad con una enorme trascendencia económica, y altamente tecnológica, basada en la investigación”. Pero el desarrollo de nuevas variedades solo es posible con una inversión continua en programas de investigación. Además, la innovación no es barata: “obtener una nueva variedad puede suponer de 10 a 12 años de trabajo y más de 3 millones de euros”.

Por ello, y con el fin de sostener los programas de mejora y el desarrollo de variedades es “vital proteger los resultados de los trabajos de los obtentores y respetar sus derechos de propiedad intelectual mediante la aportación de pequeñas cantidades en forma de royalties”, recuerda.

Añadió que “la reproducción o la compra de semillas o plantas ilegales, o el reempleo de granos para siembra sin aplicar los derechos de propiedad intelectual, amenazan la investigación y comprometen el futuro de nuestra agricultura”. Por otra parte, usar material vegetal sin certificar o producido clandestinamente –señaló Petit– “puede dar resultados deficientes y acarrear serios perjuicios económicos al agricultor, además de generar focos de transmisión de enfermedades”.

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