Agricultores y ganaderos, actividad esencial y servicio público. Antonio Gómez Olmos. Editor agroclm

Foto twitter Inés Guillén

Lo han vuelto a hacer, una vez más, agricultores y ganaderos de toda España están durante esta borrasca Filomena, con la ola de frío polar que nos ha dejado, rescatando vehículos (hasta de la Guardia Civil) de la nieve en caminos y carreteras intransitables o despejando las calles de sus pueblos. Si hace unos meses fumigaban las vías contra la pandemia ahora han vuelto a ser un verdadero servicio público al servicio de numerosos ayuntamientos y de particulares allí donde los Cuerpos de Seguridad del Estado, la Unidad Militar de Emergencia (UME) o Protección Civil no llegan, por diversos motivos.

Y mientras, siguen cuidando sus tierras y animales para que no vuelva el fantasma del desabastecimiento de alimentos para toda la sociedad y para sacar sus explotaciones adelante.

Y todo de manera altruista, sin pedir ni un céntimo por los gastos del gasóleo, el uso y desgaste de la maquinaria o las horas echadas a lo largo de los días y las noches.

No hay pueblo de España sin un agricultor o ganadero dispuesto a ayudar en lo que sea cuando la cosa se pone complicada, ya sea por el frío, riadas o desbordamientos, incendios o el maldito virus. En estas situaciones siempre hay un tractor, o varios, que aparecen de la nada para ayudarte a sacar tu coche de la nieve o de un camino embarrado a cambio de, como mucho, un cigarro fumado conjuntamente mientras se le agradece la acción. Siempre se organizan para combatir el fuego en primera línea o para llevar su máquina hasta un recóndito rincón donde un despistado conductor ha intentado vadear un arroyo sin conseguirlo. Y son los que en los pueblos más pequeños suelen abrir paso cuando las condiciones meteorológicas se tornan adversas o transportan a personas de la localidad a otros municipios si así lo requieren.

Luego, todavía quedan miles de ciudadanos (que comen a diario) que los vilipendian o critican sin tino porque el ganado genera mucho metano, los animales orinan y defecan, riegan sus plantaciones en época de calor, cobran alguna ayuda o están siempre quejándose.

Claro que se quejan, igual que los transportistas del precio del combustible; los sanitarios de la falta de medios; los profesores del exceso de alumnos; los curas de la merma de feligreses; los periodistas de la escasa publicidad institucional; los políticos de los pocos votos y los abuelos y abuelas de que esto no volverá a ser lo que era.

Pero arriman el hombro en pro de la sociedad, convirtiéndose en un servicio público fundamental en numerosas zonas de España y, además, facilitan que nos alimentemos.

Son los Ángeles Custodios Rurales. Los pueblos con agricultores se sienten más protegidos.

Antonio Gómez Olmos

Editor www.agroclm.com

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