Las pérdidas económicas derivadas de la presencia de roedores en explotaciones agrícolas y almacenes constituyen uno de los problemas más persistentes y más infraestimados del sector.
El control de roedores en el sector agrícola es una necesidad que va mucho más allá de lo estético: según datos de Impex Europa, fabricante de raticidas para uso profesional con más de 40 años de experiencia en el mercado fitosanitario, advierten que una gestión deficiente puede arruinar hasta un 15% del volumen almacenado si no se aplican protocolos de bioseguridad estrictos.
No se trata solo de pérdida de grano o de fruta: los daños en infraestructuras, la contaminación microbiológica y los riesgos para la salud pública hacen de la desratización una prioridad que no admite improvisación.
El problema de los roedores en explotaciones agrícolas
La rata común (Rattus norvegicus) y el ratón doméstico (Mus musculus) son dos de las especies que mayor presión ejercen sobre los cultivos en la Península Ibérica. Su proliferación responde a factores como la disponibilidad de alimento, la presencia de cobijo y la temperatura, lo que convierte los meses de cosecha y postcosecha en el periodo de mayor riesgo.
Los daños más habituales se agrupan en tres categorías:
–Daños directos en cultivo: consumo de semillas germinadas, raíces, tubérculos y frutos, lo que puede reducir de forma significativa el rendimiento agrícola si no se aplican medidas preventivas.
–Daños en almacenamiento: contaminación de grano con excrementos y orina, destrucción de envases y sacos, y transmisión de hongos como Aspergillus spp. que favorecen la producción de aflatoxinas.
–Daños en infraestructuras: corte de tuberías de riego, cables eléctricos y estructuras de madera. Estos deterioros, muchas veces invisibles hasta que se produce un fallo, pueden suponer costes de reparación elevados.
Desde el punto de vista sanitario, los roedores actúan como vectores de enfermedades zoonóticas como la leptospirosis, la salmonelosis y la hantavirosis, lo que añade una dimensión de salud pública a la gestión de estas plagas.
Por todo ello, el control de roedores en el sector agrícola debe abordarse con un enfoque profesional y preventivo, no solo cuando el problema ya es visible.
Cómo elegir raticidas profesionales para uso agrícola
Los fabricantes especializados en raticidas para agricultura deben basarse en el tipo de plaga, el entorno de aplicación y la normativa vigente. Actualmente existen soluciones profesionales desarrolladas por fabricantes especializados en raticidas, como Impex Europa, orientadas a proteger explotaciones agrícolas y zonas de almacenamiento.
En este contexto, la elección del producto resulta determinante. Los principales grupos de raticidas para uso profesional se clasifican según su mecanismo de acción:
-Anticoagulantes de primera generación: Incluyen principios activos como la clorofacinona y el coumatetralilo. Requieren varias ingestas para resultar letales, lo que reduce el riesgo de rechazo del cebo, pero implica un tiempo de actuación más lento y la necesidad de reposiciones frecuentes en los puntos de control.
-Anticoagulantes de segunda generación: Compuestos como la bromadiolona, el difenacoum y el brodifacoum actúan generalmente con una sola ingesta, lo que los convierte en la opción más eficaz en escenarios de alta presión de plaga.
Su mayor potencia y riesgo de bioacumulación en la cadena trófica, su uso está regulado de forma más estricta, especialmente en exteriores. Es imprescindible consultar el etiquetado del producto y las restricciones establecidas por el Reglamento (UE) n.º 528/2012 sobre biocidas.
-Rodenticidas no anticoagulantes: Alternativas como el fosfuro de zinc se utilizan en situaciones específicas, especialmente en cultivos de campo abierto y cuando existe resistencia a los anticoagulantes. Su aplicación requiere formación especializada y un control riguroso para minimizar riesgos.
En la práctica, aunque existen distintas opciones disponibles, los anticoagulantes de segunda generación destacan por su eficacia y rapidez de acción, siendo la solución más recomendable en la mayoría de aplicaciones agrícolas profesionales, siempre bajo un uso responsable y conforme a la normativa.
A la hora de elegir el producto, es fundamental considerar también el formato del cebo: pellets, bloques parafinados o geles tienen comportamientos diferentes según el nivel de humedad del entorno, la especie objetivo y la ubicación de los portacebos.
Buenas prácticas para el uso de raticidas en el sector agrícola
La eficacia de cualquier programa de desratización no depende únicamente del producto elegido, sino del protocolo de aplicación.
Uso de portacebos y colocación estratégica
Los portacebos protegen el raticida de la intemperie e impiden el acceso de fauna no objetivo. Deben colocarse en las rutas de tránsito de los roedores —junto a paredes, cercas o vegetación densa— y no en zonas abiertas. En almacenes, la separación recomendada es de 5-10 metros para ratas y 2-3 metros para ratones.
Monitorización y seguimiento de la desratización
Un programa eficaz requiere revisiones periódicas: inspección del consumo de cebo, sustitución del cebo deteriorado y registro documentado de cada actuación. Este registro es obligatorio según la normativa de biocidas y también lo exigen certificaciones como GlobalG.A.P. o BRC. En entornos rurales, un buen control de roedores en el campo depende precisamente de esta capacidad de anticipación y seguimiento.
Medidas de seguridad en la manipulación de raticidas
Los raticidas requieren guantes protectores durante su manejo. Los productos deben almacenarse en sus envases originales, en lugar seco y bajo llave. Los roedores muertos deben eliminarse según la normativa local, ya que pueden causar intoxicación secundaria en rapaces y otros predadores.
Integración en la gestión integrada de plagas (GIP)
El uso de raticidas debe combinarse con medidas preventivas: sellado de accesos en naves, eliminación de residuos orgánicos y gestión de la vegetación en márgenes de parcela. Esta combinación reduce la dependencia del control químico y mejora los resultados a largo plazo.
La importancia de una correcta gestión de roedores en la producción agrícola
Más allá de las pérdidas económicas directas, el control de roedores en el sector agrícola es hoy un requisito de acceso al mercado. Las certificaciones GlobalG.A.P., IFS Food y BRC evalúan específicamente los protocolos de control de plagas, y una gestión deficiente puede derivar en no conformidades graves que comprometan la comercialización de la producción.
Una gestión rigurosa protege el margen del agricultor, preserva la calidad del producto y garantiza el cumplimiento normativo. Para lograrlo, contar con el asesoramiento de fabricantes especializados en raticidas para agricultura como Impex Europa puede marcar la diferencia entre una intervención reactiva y un programa de control verdaderamente eficaz.
























