Parque de Cabañeros, incertidumbre sobre el fin de la caza

Ecologistas en Acción valora acudir a los tribunales si se utiliza el control de poblaciones para seguir permitiendo que los titulares de fincas cacen y se lucren con ello

En el 25 aniversario de la declaración del parque nacional de Cabañeros, que se cumple el 20 de noviembre de 2020, Ecologistas en Acción hace balance de la historia de un espacio natural referente de la defensa de la naturaleza y valorar como afronta el último paso para cumplir con la ley de parques nacionales, el cese de la caza.

Recuerdan que Cabañeros fue declarado Parque Nacional gracias a la movilización social y ambiental que consiguió impedir en la década de los ochenta del siglo pasado que se instalara un campo de tiro del Ejército del Aire en el corazón del ecosistema más representativo de la Península Ibérica, el bosque mediterráneo. Movilización que tuvo una réplica evitando poco después que el campo de tiro se trasladara a la vecina Anchuras.

El valor de esa acción no fue sólo evitar que se construyera una instalación militar que hubiera cambiado para siempre el paisaje de los Montes de Toledo, una de las comarcas naturales más extensas de España. Si no que fue sobre todo dar a conocer y poner en valor su extraordinario patrimonio natural, lo que llevó a un camino de sucesivas protecciones medioambientales. Primero con la declaración de un parque natural en 1988; después, en 1995, con la declaración del parque nacional; finalmente con la incorporación en 1997 de más de 218.000 hectáreas de superficie de esta comarca a la Red Natura 2000 europea.

En estos 25 años las 40.856 hectáreas del parque nacional han mejorado sustancialmente en sus condiciones naturales, especialmente en el 55% de superficie de titularidad pública. Se ha fortalecido su masa forestal característica representada por bosques, montes y dehesas de encinas, alcornoques y robles. Se han restaurado dañosas repoblaciones de pino. Se ha multiplicado la presencia de dos de sus especies más emblemáticas, el águila imperial ibérica, con cuatro parejas, y el buitre negro, con una colonia que ronda las 300 parejas. Y se ha convertido además en un referente ecoturístico.

Pero desde Ecologistas indican que “en el debe está que a día de hoy se siga practicando la caza a pesar de que la Ley de Parques Nacionales declara que es una actividad incompatible con su conservación. Las cicatrices que provoca esta actividad son evidentes en los 18 cotos de caza que subsisten en Cabañeros y se extienden al conjunto del parque. En sus 21.120 hectáreas de cotos se observan amplios cortaderos y comederos que han destruido la vegetación, cientos de kilómetros de vallados cinegéticos que fragmentan el espacio impidiendo la movilidad de las especies. En sus malas prácticas, como la incentivación de la caza mayor y la persecución de los predadores, se encuentra el origen del problema de la sobreabundancia de algunas especies de ungulados, singularmente el ciervo y el jabalí. Así como la ausencia de especies clave para el equilibrio del ecosistema, como son el lobo y el lince ibérico”.

El final legal de la caza, futuro incierto

Precisamente en la polémica sobre los excesos de población de ungulados que ha generado la propia actividad cinegética se focaliza el mayor reto que debe afrontar el Parque en su futuro inmediato, apuntan. El día 5 de diciembre de 2020 se cumplen seis años de la moratoria concedida graciablemente por el primer Gobierno dirigido por Mariano Rajoy para que sea definitiva la prohibición de la práctica de la caza en Cabañeros.

Ese día debiera terminarse la caza en el parque nacional, así será, al menos sobre el papel y aunque tres cotos la tienen autorizada más allá de ese plazo. El problema es que en este tiempo de moratoria el Organismo Autónomo de Parques Nacionales (OAPN), la Junta de Castilla-La Mancha y la Cátedra de Parques Nacionales han generado un relato de la situación que afecta a los ungulados para que bajo el paraguas del control de poblaciones se permita a los titulares de las fincas seguir cazando y se lucren del producto de sus cacerías. La única salvedad que se pone a esas actuaciones es que deben formar parte de un plan de gestión de los ungulados dirigido por el OAPN y la Junta, y que tales prácticas no deben publicitarse como actividades comerciales o deportivas.

Esta forma de afrontar el control de poblaciones supone para Ecologistas en Acción “un fraude que pretende sortear la prohibición de cazar que establece la Ley de Parques Nacionales y, por ese motivo, sus dos representantes en el patronato del parque nacional votaron en julio pasado en contra del Plan de Ordenación de los Recursos Naturales de Cabañeros (PORN) que está en fase de aprobación”.

Acciones

Ecologistas en Acción ha alertado de esta maniobra a la recientemente nombrada directora del Organismo Autónomo de Parques Nacionales, María Jesús Rodríguez, ya que, además, éste es el modelo de actuación que se quiere poner en práctica en el resto de parques nacionales donde todavía se caza de una u otra manera y que podrían ser al menos 7.

Aparte de los aspectos jurídicos alegados al PORN de Cabañeros, Ecologistas en Acción esgrime para que no se permita el control de poblaciones mediante modalidades de caza varios y contundentes argumentos que ninguno de los implicados en la propuesta (OAPN, JCCM y Cátedra de Parques Nacionales) han querido asumir, pero que se encuentran explícitos en todos los informes y estudios oficiales que se manejan, el último uno sobre la población de ungulados en el parque nacional que acaba de distribuirse a los miembros del Patronato.

En esos textos se declara sin ambages que la pretendida superpoblación que se pretende atajar tiene su origen en la gestión de la caza mayor que se hace en los cotos, la ausencia de predadores como el lobo y el lince y en la fragmentación del hábitat que provocan los vallados. Las poblaciones de ungulados no hacen otra cosa que responder a las alteraciones de un ecosistema en el que se han exterminado a los principales predadores y que está alterado por una caza gestionada como una ganadería.

Poner el foco en la consecuencia, esto es la sobreabundancia de ungulados en los cotos, y no en las causas, es una “forma errónea” de afrontar estas situaciones e implicará la perpetuación del problema

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