A la salud de Garzón me zampo un chuletón. Antonio Gómez Olmos. Periodista agroalimentario

El ministro español de Comercio, Alberto Garzón, nos ha pedido a los españoles que comamos menos carne y que cambiemos la dieta para, dice, salvar el planeta. ¡Viva la dictadura gastronómica!

Resulta que ahora tenemos que alimentarnos como nos aconseje un economista y político español. Pues a su salud me zampo un chuletón, si me lo permite, claro, que igual da orden de prohibirlos en mercados y restaurantes.

Garzón ha defendido la incompatibilidad de la democracia con el sistema económico capitalista y la imposibilidad de que el planeta aguante la presión de su modelo de producción y consumo, llegando a afirmar que “debemos tener claro que las grandes empresas y los grandes sectores estratégicos tienen que ser públicos para decidirlo todo democráticamente y que efectivamente exista una democracia. Pero sobre todo hay otro imperativo, que es el ecológico: nuestro planeta no aguanta un sistema competitivo como el actual modelo de producción y consumo que representa el capitalismo”. O sea que si nacionalizamos a vacas, corderos y cerdos si podemos consumir su carne, o tendrá pensado directamente nacionalizar a las explotaciones ganaderas el ministro de Consumo o no consumo.

Dice este ministro que las flatulencias de las vacas y las heces de los cerdos y sus piensos generan ya más contaminación que la de los coches. ¡Ostras, Pedrín! Por no decir otro exabrupto mayor. Pues digo yo, ya puestos en esta espiral de inventivas por qué no propone, o mejor legisla, prohibir a los animales hacer de vientre, o beber agua y comer para no tener que orinar y defecar posteriormente.

También puede declarar a vacas, cerdos, ovejas y cabras, pollos y pavos… animales sagrados y prohibir su consumo y exponerlos en altares para que sean adorados cuales dioses paganos.

Como decía mi padre: ¡Señor, lo que nos quedará por ver!

P.D.: Con el hambre que hay en el mundo… y en España.

 

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