El campo español inicia una campaña de cereal difícil e inédita por la guerra

Marcada por unos precios impredecibles, una cosecha deficitaria y la nueva Política Agrícola Común (PAC)

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El campo español inicia este viernes la campaña de cereales más anómala de los últimos años, marcada por los efectos de la guerra de Ucrania y por la reducción de cosechas a causa de un clima extremo.

España, país deficitario en cereales, recogerá un 30 % menos que en la temporada anterior, lo que aumentará su dependencia de las importaciones, en un momento de alza de costes para agricultores y ganaderos como consecuencia de la invasión rusa y de las dificultades derivadas del bloqueo del grano ucraniano.

La campaña 2022-2023 comienza oficialmente el 1 de julio, pero en la práctica en algunas zonas como Andalucía están ya terminando la recolección e incluso en otras más al norte, como Castilla y León, Castilla-La Mancha o Aragón, se ven cosechadoras por estas fechas, con semanas de adelanto.

Ese anticipo es una «mala señal», reflejo del cambio climático, y significa también menos rendimiento, según han declarado a Efeagro fuentes de las organizaciones agrarias Asaja, COAG y UPA.

Cosecha deficitaria

La cosecha española de cereales (trigo, cebada, maíz) alcanzará 17,6 millones de toneladas, con una caída anual del 29,6 %, según los aforos más recientes, los de Cooperativas Agro-alimentarias.

«Es una cosecha corta e insuficiente», según ha declarado a Efeagro el director de cultivos herbáceos de Cooperativas Agro-Alimentarias, Antonio Catón, quien ha detallado que en España se consumen 100.000 toneladas al día -para alimentos y piensos- y unos 36 millones de toneladas anuales.

Las cooperativas y la patronal de comerciantes Accoe han recalcado que no hay problemas de abastecimiento para España, con previsiones favorables de producción en los países del norte.

Además, Catón ha defendido que la mejora de la calidad, de las semillas y de la maquinaria han propiciado variedades «más resistentes».

Pero el impacto de la guerra está latente, según el secretario general de Accoe, José Manuel Álvarez, para quien comienza «la campaña más anómala», pues no se había visto el sector antes envuelto en un conflicto entre dos grandes productores (Rusia y Ucrania) y con las repercusiones energéticas actuales.

Los problemas de abastecimiento serán para los países de África y Oriente Medio, clientes del grano ucraniano.

En cuanto a los usuarios españoles de cereales, se aprovisionarán de envíos de Brasil y de EEUU, que, sin embargo, son mucho más caros.

Precios impredecibles

En relación a los mercados, Catón y Álvarez han subrayado la incertidumbre y la irregularidad de los precios.

Frente a julio de 2021, los precios mayoristas del trigo blando han subido un 71 %, los del trigo duro un 97 %, los del maíz un 41 % y los de la cebada un 73 %, según los datos de Accoe; pero en junio registraron caídas mensuales el trigo blando (-3,71 %), la cebada (-5,5 %) y el maíz (-0,88 %) mientras que el trigo duro siguió subiendo (5,15 %)

Las cuentas no salen para los agricultores

El responsable de Cereales de Asaja, Pedro Gallardo, ha señalado que con el alza de los precios de los insumos y la producción escasa «las cuentas no salen» para el agricultor.

Ha explicado que de las cuatro grandes autonomías productoras, Andalucía, la más temprana, se ha visto menos perjudicada por el clima que Castilla y León, Castilla-La Mancha y Aragón.

Para Gallardo, el encarecimiento de los costes por la guerra marca todo, tanto combustibles como electricidad o fertilizantes.

Además, las organizaciones agrarias ven preocupante la disminución de superficie de cultivo, una tendencia desde hace diez años, según el responsable de cereales de COAG, José Roales.

COAG también ha aludido al estado global de las materias primas, acentuado con la guerra de Ucrania, que a su juicio, está provocando «la especulación de fondos buitre o de inversión que compran trigo o cebada, lo almacenan y lo venden cuando quieren, de modo que pagan el pato los consumidores».

«Ha habido campañas difíciles, pero ésta es excepcionalmente mala», según el técnico de UPA David Erice.

Incertidumbre sobre la PAC

«Las cabezas de los agricultores echan humo ante una situación caótica que se puede prolongar en el tiempo», ha señalado Erice.

Asimismo, se ha referido a la incertidumbre sobre el plan estratégico nacional de la reforma de la Política Agrícola Común (PAC) que se aplicará en 2023, pues los agricultores desconocen los nuevos requisitos, lo que les impide planificar nuevas campañas y ahora es el momento.  Mercedes Salas (EFEAGRO).

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