El campo intensifica rutinas de trabajo para hacer frente a la sequía histórica

Se dispara la venta de cubas de agua

tractor campo

Esta sequía histórica no da tregua al campo y, a falta de ver cómo viene el otoño, los agricultores y ganaderos llevan semanas con unas rutinas de trabajo más duras para conseguir que a cada cultivo y a cada animal no les falte ni una gota de agua, porque en ello les va el negocio y la supervivencia.

Eso les lleva a gastar más tiempo, por la necesidad de buscar agua en otras zonas alejadas de las fincas; y más dinero, por el gasto extra en gasóleo en el transporte de agua y la necesidad de adquirir, en muchos casos, cisternas.

De hecho, la venta de cubas de agua nuevas está repuntando respecto a otros veranos menos secos, según señalan varios fabricantes.

En Hierros «El Almendral», ubicado en Caniles (Granada), aseguran que la venta ha subido pero no todo lo esperable para la situación de escasez de agua.

Se debe a que muchos agricultores acuden con prisa y no pueden esperar a los plazos de entrega de un mes que les ofrecen.

Algo similar refieren a Efeagro desde Maquinaria MG, con sede en Porcuna (Jaén), desde donde también apuntan a esa «falta de previsión» de los agricultores y los ganaderos ante los efectos de la sequía.

A pesar de todo, han incrementado las ventas de cisternas a toda España, con una oferta de cubas de hasta 14.000 litros de capacidad y con precios que oscilan entre los 3.000 y los 15.000 euros.

La urgencia ha llevado por lo tanto a que sea la segunda mano la que más presión comercial esté sintiendo.

Según ha comprobado Efeagro, cada día salen ofertas nuevas en portales de compra-venta en Internet en los que se pueden adquirir cubas de 5.000 litros con bebedero automático adosado por 4.500 euros, cisternas de 15.000 litros por 6.500 euros, otras con 6.000 litros de capacidad por 5.500 euros y si el bolsillo del productor no puede permitírselo se opta por comprar portes de agua a la finca.

Testimonios

La situación es especialmente grave en el sur peninsular, en provincias como Córdoba, donde el ganadero Francisco Luis Herruzo y el ingeniero agrónomo Fernando López desarrollan su actividad.

A Herruzo no le ha hecho falta comprar una cisterna de agua puesto que ya la tenía pero su rutina de trabajo ha cambiado en los últimos meses con el empeoramiento de la situación.

Gestiona una explotación ganadera de vacuno de carne, ovino y porcino en Villanueva de Córdoba y ha tenido la suerte, hasta ahora, de no tener que buscar ni comprar agua fuera de sus fincas porque cuenta con un pozo en una de ellas que sigue manando.

Pero cada dos días hace viajes de ida y vuelta con la cuba entre las distintas explotaciones: «Sacrificas dinero pero también tiempo porque un par de horas más de trabajo haces, como mínimo».

Herruzo admite que los ganaderos lo están «pasando mal» y pone el foco en las ganaderías más grandes, donde ya hay empleados dedicados en exclusiva a transportar agua.

«Son costes que encarecen la producción y luego no se ven repercutidos en el precio que te pagan por la venta de los animales», señala.

Por su parte, López está encargado de la gestión de varias fincas familiares en la campiña cordobesa donde este año han cultivado trigo duro, colza y girasol y explica que han tenido problemas para asegurar el agua porque muchos «pozos estaban secos a la hora de hacer los tratamientos» de primavera.

Ha tenido que ir calculando con precisión dónde tenía aún agua, qué cantidad y dónde la usaba y, mientras tanto, ganar tiempo para que los pozos fuesen recargando algo. «Nos costó mucho más que cualquier año normal», destaca.

Por su formación como agrónomo avisa también de que hay cultivos de olivar o almendro en secano, especialmente los de las plantaciones jóvenes, que están recurriendo a cubas de agua para dar «riego de apoyo y facilitar» que «enraícen bien en la tierra» y crezcan.

La compra de agua para recargar balsas vuelve, por lo tanto, a la realidad del agricultor en este período de sequía.

Avisa de que este otoño debería llover el doble de un año medio en precipitaciones para que los acuíferos, los embalses, el resto de las infraestructuras hidráulicas y la tierra recuperen sus niveles normales.

Mientras eso no ocurra, López tiene claro que «la única manera que tenemos de librarnos, un poco, es con el seguro agrario» que al menos le suele dar para cubrir los costes. Juan Javier Ríos. EFEAGRO

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