El sector de los frutos secos en Castilla-La Mancha mira con creciente preocupación la reciente aprobación en Europa de un informe para modificar el Reglamento de ajustamiento de los derechos de aduana, una medida que abriría la puerta a la importación de hasta 500.000 toneladas de frutos secos procedentes de Estados Unidos con arancel cero.
Desde la organización agraria UPA Castilla-La Mancha consideran que esta decisión supone una amenaza directa para la rentabilidad y viabilidad de cientos de explotaciones agrícolas de la región, especialmente en un momento en el que el cultivo del pistacho y otros frutos secos vive un importante auge entre los productores castellanomanchegos.
Ventaja competitiva de California
La organización explica que la ventaja competitiva de California radica en su enorme capacidad productiva, con alrededor de 1,5 millones de toneladas anuales, una cifra que le permite marcar el precio mundial del mercado de los frutos secos. Según denuncian, los acuerdos comerciales impulsados desde la Unión Europea favorecen la entrada del producto estadounidense en condiciones difíciles de asumir para el agricultor europeo.
“California dicta los precios mundiales y, cuando tienen buena cosecha, la influencia del fruto seco americano sobre nuestro mercado es inmediata”, sostienen desde UPA, que recuerda que ya mostró su rechazo a este tipo de acuerdos comerciales “a la alemana”.
La organización agraria advierte además de que actualmente existen ya miles de kilos almacenados en puertos españoles a precios con los que el productor nacional “no puede competir”. Una situación que, unida a campañas de producción moderadas en España, se convierte —aseguran— en “una espada de Damocles” para el sector regional.
Eliminación de barreras arancelarias
En este contexto, el sector teme que la eliminación de barreras arancelarias termine beneficiando a la industria transformadora frente al agricultor. “La industria española se verá obligada a elegir entre patriotismo y rentabilidad”, apuntan desde la organización, alertando del riesgo de abandono de explotaciones si continúa la presión sobre los precios en origen.
Las críticas también se dirigen hacia las políticas europeas en materia fitosanitaria y medioambiental. Desde UPA denuncian que mientras se incrementan las exigencias para los agricultores europeos —incluyendo restricciones en materias activas para combatir plagas como la avispilla—, se facilita la entrada de productos importados con mayores costes logísticos y ambientales.
“La Unión Europea está haciendo mucho daño entre los aranceles cero y las limitaciones fitosanitarias”, sostienen desde la organización, que considera contradictorio el discurso comunitario sobre sostenibilidad mientras se incrementa la dependencia de importaciones de terceros países.
El caso del pistacho preocupa especialmente en Castilla-La Mancha. Cada año entran en producción miles de nuevas hectáreas en la región, consolidando este cultivo como una de las principales apuestas de diversificación agraria. Sin embargo, el incremento de la competencia exterior amenaza la rentabilidad futura de unas inversiones realizadas, en muchos casos, durante la última década.
“El impacto es mucho más fuerte porque ha sido una apuesta clara de los agricultores castellanomanchegos”, subrayan desde UPA, que advierte de un pulso creciente entre la producción californiana y la europea.
A la espera de que el reglamento se active definitivamente, desde la organización agraria concluyen que la experiencia demuestra que “siempre son los agricultores quienes terminan pagando el precio de estas negociaciones comerciales”, en referencia a unos acuerdos que, aseguran, vuelven a situar al sector agroalimentario como moneda de cambio en la política comercial europea.



























