500 almazaras de la Península Ibérica desaparecerán en diez años

De mantenerse la tendencia actual el mapa almazarero quedará reducido a tan solo 85 instalaciones

almazara
ALMAZARA Y PROCESO DE OBTENCION DEL ACEITE.

El Olive Oil World Congress (OOWC) ha abordado esta semana en Lisboa el contexto geográfico de la demanda de consumo del aceite de oliva, que se expande hacia mercados que hace apenas dos décadas eran prácticamente inexistentes.

Abderraouf Laajimi, director ejecutivo adjunto del Consejo Oleícola Internacional, ha puesto números a la transformación del sector de aceite de oliva: desde el año 1990, el consumo mundial casi se ha duplicado, llegando hasta los 3,2 millones de toneladas en 2024/25, la producción ha crecido más de un 130% y la comercialización ha seguido una expansión sostenida. El aceite de oliva ha dejado de ser un producto solo mediterráneo para convertirse en una especie de commodity global de indudable valor.

Europa concentra todavía cerca del 60% del consumo mundial, pero va cediendo cuota cada año. El primer importador global es Estados Unidos, con entre 380.000 y 400.000 toneladas anuales -el 35% de las importaciones mundiales-, posición que responde a una estrategia consolidada de posicionamiento del aceite de oliva como referencia premium en el segmento de la alimentación saludable.

Brasil ocupa el segundo puesto, con unas 80.000 toneladas anuales y una cuota del 8% de las importaciones globales. Su rasgo más singular -y también su mayor vulnerabilidad- es que el 99% de su consumo depende de las importaciones, lo que lo convierte en un termómetro especialmente sensible a la volatilidad del mercado internacional.

El tercer gran bloque emergente es al área de Asia-Pacífico: China, Japón, Corea del Sur e India han acumulado juntos el 22% del crecimiento global de la demanda en las últimas dos décadas.

Producción nacional

Mientras el consumo se expande desde sus mercados tradicionales hacia otras áreas emergentes, la producción tenderá a concentrarse.

Juan Vilar, consultor estratégico internacional, ha presentado una investigación -realizada con el Aula Universitaria Oleícola Innova de la Universidad Internacional de Andalucía- en la que concluye que más del 22% de las almazaras de la Península Ibérica (España y Portugal representan el 65% de la producción mundial de aceite de oliva) habrán desaparecido en la próxima década: prevé que haya unas 200 menos en cinco años y hasta 500 menos en una década.

‘Selección natural económica’

Es lo que Vilar denomina ‘selección natural económica’: de las 2.219 almazaras existentes hoy en la Península Ibérica, solo 60 -el 2,25%- procesan ya un tercio de toda la producción oleícola.

Estas 60 instalaciones tienen capacidad para procesar 50 millones de kilos de aceituna. Su capacidad para ofrecer precios de maquila más bajos atrae más volumen y reduce, por tanto, aún más sus costes unitarios.

El resto queda atrapado en una espiral de menor actividad, costes fijos inevitables y márgenes cada vez más estrechos, con tarifas de maquila que oscilan entre los 7 y los 30 céntimos por kilo según la instalación.

De mantenerse esta tendencia, la investigación proyecta que el mapa almazarero de la Península quedará reducido a tan solo 85 instalaciones, que concentrarán el 40% de toda la producción.

Los cinco últimos años de campañas cortas han acelerado el proceso: con pocos kilos disponibles y presión para minimizar el coste de maquila, los agricultores han optado mayoritariamente por las instalaciones más grandes, dejando a las medianas y pequeñas con volúmenes muy por debajo de su capacidad instalada.

La paradoja es que, aunque los precios en origen han estado por encima de la media durante este periodo, los agricultores no han logrado rentabilizar su trabajo: los costes fijos no se reducen por el hecho de que la cosecha sea más abundante o escasa.

Alternativas

Para quienes no forman parte de ese grupo de grandes instalaciones, Vilar identifica cuatro salidas:

-Especializarse en aceites de alto valor añadido (ecológico, cosecha temprana).

-Integrarse en cooperativas de segundo grado, como Jaencoop, Dcoop o el grupo Interoleo para reducir costes y mejorar rentabilidad.

-Reconvertirse en puntos de almacenamiento y transporte hacia almazaras de mayor capacidad de molturado en un radio de 15 kilómetros.

-Fusionarse con competidores locales en municipios donde la densidad de las instalaciones -en algunos casos hasta 15 almazaras- hace inviable la coexistencia de todas ellas.

Más consumidores, menos productores

El diagnóstico conjunto de Laajimi y Vilar apunta hacia un mercado más globalizado en el consumo -con EE.UU., Brasil y Asia como nuevos actores clave- y más concentrado en la producción. Las dos tendencias no son independientes: el auge de los nuevos mercados exige una oferta capaz de responder en volumen, calidad y trazabilidad, condiciones que solo los operadores de mayor escala podrán satisfacer de forma competitiva a largo plazo.

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