Por si alguien duda todavía. Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA)

La crisis del coronavirus nos está poniendo a prueba, y de qué manera, como sociedad y como individuos; a todos juntos y a cada uno de nosotros en nuestro entorno personal, familiar, laboral…; sin que sirva de nada el falso consuelo del mal de muchos, porque nunca antes habíamos vivido una situación tan dura y tan global, afectando al mundo entero, sin excepciones.

Todo ha sido y es muy difícil. Pero, en términos generales, estamos respondiendo bien, asumiendo el dolor irreparable de la muerte, sufriendo el dolor propio y ajeno de la enfermedad, y mirando hacia adelante, con responsabilidad y solidaridad. Así está siendo en las ciudades y en los pueblos, en las zonas con más focos de la enfermedad y en las que han tenido una incidencia menor.

Y en medio de toda esta tremenda crisis quedarán en la memoria colectiva los momentos más duros de la pandemia en España, coincidiendo el relato del horror y el confinamiento social con las imágenes de hombres y mujeres trabajando en el campo, que se asomaban a los informativos de televisión cuidando al ganado, ordeñando, recogiendo hortalizas o cosechando las primeras frutas de hueso.

Había que dar de comer a todos, con el país paralizado y la población encerrada en sus casas. Y no solo a la población española, sino a buena parte de la europea y de otras áreas del mundo, con unas exportaciones que no podían pararse. Y ahí estábamos nosotros y nosotras. Tan asustados como todos los demás, pero sin esconder la cabeza.

La declaración del estado de alarma consideraba nuestra actividad esencial, como no podía ser de otra forma. Y estratégica, decimos nosotros. Antes, durante y después de la crisis. Porque sin productores no hay productos, no nos cansaremos nunca de repetirlo.

Si alguien dudaba todavía, después de las movilizaciones unitarias de los agricultores y ganaderos al límite y de la situación vivida en los últimos meses, parece claro que ya no cabe duda. Somos esenciales y estratégicos. Y merecemos como tales el reconocimiento de la sociedad. Y de los mercados. De nada servirán los elogios generales al buen funcionamiento de la cadena alimentaria en España durante esta crisis si no conseguimos, de una vez por todas, precios justos y rentabilidad en nuestro trabajo.

Tenemos grandes retos por delante. En España y en Europa. Reconstruir lo destruido por culpa del coronavirus y sentar las bases de un futuro más sostenible y más justo. La Agricultura Familiar, así, con mayúsculas, será parte activa y esencial de todo ello. Que nadie lo dude.

Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA)

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