Unidad en la defensa de la Dieta Mediterránea

En el décimo aniversario de su declaración como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

La Dieta Mediterránea tiene un “valor incalculable y tenemos la obligación que cuidarlo”, y desde la Fundación de la Dieta Mediterránea, de la que es patrona Castilla-La Mancha, “vamos a mantener viva la llama”, porque “todos somos dieta mediterránea”. El presidente de la Fundación Dieta Mediterránea y consejero de Agricultura, Agua y Desarrollo Rural de Castilla-La Mancha, Francisco Martínez Arroyo, así lo ha destacado este lunes durante el acto de celebración del X Aniversario de la Declaración de la Dieta Mediterránea como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

En su intervención, Martínez Arroyo ha realizado un recorrido por los cultivos y producciones que “nos representan a todos”. Desde las castañas del Bierzo en León o en Orense; los olivos milenarios de Mallorca; el viñedo de Castilla-La Mancha, el mayor del mundo o, el más pequeño, de la Ribera Sacra; las estepas cerealistas de Tierra de Campos, los naranjos del Valencia; el arroz de Calasparra, Valencia o del Delta del Ebro; o el azafrán de La Mancha. “Todos son dieta mediterránea y todos los que lo hacen posible, agricultores, ganaderos, pescadores que son la base de la pirámide Mediterránea, el primer eslabón; ellos comienzan el trabajo”, ha resaltado.

La agricultura, la ganadería y la pesca facturan cada año 52.000 millones de euros, mientras que la industria agroalimentaria que transforma el producto, generalmente en el medio rural, 98.000 millones de euros, siendo la primera actividad industrial de España, representando el 23 por ciento del sector secundario, y generando empleo, ha explicado.

Así, ha pedido que hay que llegar desde el primer eslabón, pasando por los demás, hasta el último, que son los consumidores con las palabras ‘dieta mediterránea’, porque son un estilo de vida y una forma de entender la cultura, del que se ha podido disfrutar gracias al papel de la gastronomía. Martínez Arroyo ha alabado a los restauradores “que nos ayudan a presumir de esta dieta”, protegiendo “el consumo de proximidad y los productos autóctonos de nuestra tierra” que están en riesgo de erosión genética o las razas en peligro de extinción.

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