Mazarulleque (Cuenca), un pueblo de 84 habitantes cuna de un vino gourmet

Todos los trasiegos y embotellados se rigen por la luna

Vinos Altomira

Después de 16 años elaborando un vino artesanal y ecológico para autoconsumo, Maribel Fernández dio un paso adelante y decidió profesionalizarse; ahora distribuye sus caldos desde su bodega-cueva en Mazarulleque, un municipio de 84 habitantes en el Valle de Altomira (Cuenca) a restaurantes gourmets.

El punto de inflexión fue en 2020 tras la puntuación que «un gurú de los vinos muy importante» le dio durante una cata privada; a partir de ahí, empezó a plantearse la idea de comercializar esta bebida, recuerda en una entrevista a Efeagro la fundadora de Vinos Artesanos Altomira.

El «amor por su pueblo» funcionó como un empujón más para abrir al público lo que durante más de 15 años había mantenido para ella y su familia, recuerda la emprendedora.

Y esos dos motivos le llevaron a convertir su afición personal en un proyecto (Vinos Artesanos Altomira), un nombre con el que, además, contribuye a promocionar el turismo de su pueblo y su comarca.

Al margen del negocio, le gustaría dejar «el ejemplo de emprendedora rural» con este proyecto gastronómico que también pone en valor «la historia y la tradición viticultora del pueblo», donde «desde siempre» se ha producido para el autoconsumo esta bebida.

Por ello, entre las actividades que se pueden realizar durante la cata, se encuentran el mostrar el patrimonio cultural y natural del lugar.

El cuidado proceso de elaboración que rige la luna

Uno de los puntos que se tienen en cuenta en el proceso de elaboración de estos vinos es el estado de madurez, que «debe ser perfecto».

Se vendimia a mano, seleccionando la uva una a una y, después la transportan en cajas de 15 kilos con las que no tarda «ni 15 minutos de llegar del campo a la bodega».

Ya en ella, se fermentan en depósitos inoxidables y algunas veces en tinajas de barro, sin añadir ni levaduras, ni pectinas, ni taninos, ni polifenoles, ni sulfitos; tampoco incorporan azúcares ni acidifican.

Además, para lograr un producto más artesanal aún y que preserve la tradición del pueblo, la fundadora detalla que no clarifican ni filtran los vinos.

«Todos los trasiegos y embotellados se rigen por ‘la luna’ como se hacía antiguamente, acercándonos así a los conceptos de la biodinámica«, concluye.

Dejan el vino reposar en un conjunto de unas 30 cuevas excavadas en la roca margosa/arenisca que históricamente han servido para la elaboración tradicional de vino. EFEAGRO

 

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