El precio medio de la tierra sube a 10.367 euros/hectárea, con grandes diferencias entre regiones y cultivos

La huerta y los cultivos bajo plástico superan la inflación, mientras el viñedo de regadío pierde valor

parcelas

El precio medio de la tierra de uso agrario en España alcanzó los 10.367€/ha en 2025, un 1,2% más que el año anterior, según los resultados provisionales del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA).

El nuevo informe del Servicio de Estudios de Cocampo muestra, sin embargo, grandes diferencias entre cultivos y territorios: las tierras arables de secano han evolucionado cerca de la inflación desde 2020, mientras que otros aprovechamientos se han encarecido más o han perdido valor.

La tierra y la inflación

El secano representa el 76,8% de las tierras de cultivo de España, según el MAPA. Dentro de ese amplio conjunto, las tierras arables de secano se han revalorizado un 19,8% entre 2020 y 2025, una evolución próxima al 22,1% acumulado del IPC.

Son una clase concreta de tierra y no equivalen a todo el secano español, que incluye también olivar, viñedo y otros cultivos.

El precio medio nacional pasó de 9.007€/ha en 2020 a 10.367€/ha en 2025 (+15,1%). Esta media ponderada permite seguir la evolución general, pero no refleja por sí sola el comportamiento de cada aprovechamiento ni cuánto vale una propiedad concreta. En 2025, el precio medio aumentó un 1,2%, por debajo del IPC anual (2,7%).

Cada cultivo es un mercado diferente

En cinco años, la huerta (+26,3%), los cultivos bajo plástico (+24,7%) y los frutos secos de secano (+24,5%) superaron el IPC acumulado (+22,1%). La platanera avanzó un 21,5%, muy cerca de esa referencia, mientras que el viñedo de regadío descendió un 5,3%. En el último año, la platanera creció un 10,1% y los cultivos subtropicales y tropicales retrocedieron un 5,5%. La misma evolución dispar aparece en los territorios.

Por comunidades autónomas

Por comunidades autónomas, los mayores precios medios se registraron en Canarias (157.126€/ha) y la Región de Murcia (33.808€/ha), y los menores en Castilla y León (5.237€/ha) y Aragón (5.254€/ha).

Islas Baleares (+36,1%) y la Región de Murcia (+33,9%) muestran algunas de las mayores revalorizaciones desde 2020; en 2025, en cambio, La Rioja cayó un 7,5% y Galicia un 6,1%. La distribución de cultivos influye en estas diferencias regionales.

Lo que muestra el mercado de Cocampo

La oferta anunciada presenta diferencias todavía más amplias. En la muestra analizada por Cocampo, las fincas clasificadas como regadío se ofrecen a una mediana de 47.143€/ha, frente a 16.667€/ha en secano, una relación de 2,83 veces. No se trata de la prima atribuible exclusivamente al agua: las propiedades también difieren por ubicación, tamaño, instalaciones y usos.

Andalucía (4.923 anuncios), Comunidad Valenciana (3.146) y la Región de Murcia (1.490) concentran el 57% de la oferta territorial analizada por Cocampo. Estas diferencias muestran que incluso dentro del mercado anunciado la composición de las propiedades es muy distinta de una zona a otra.

El futuro del valor de la tierra

La productividad, el agua, los costes de explotación, el clima y las posibilidades de uso pesan en el valor de cada finca. El Banco de España ha documentado que la sequía afecta de forma desigual a los rendimientos agrarios y tiene mayor impacto en trigo, cebada y olivar, cultivos mayoritariamente de secano, que en otros cultivos donde predomina el regadío.

El estudio analiza rendimientos, no precios de fincas, pero ilustra por qué el potencial productivo no es igual en todas las explotaciones.

“La tierra puede ser un activo defensivo, pero no todas las fincas ofrecen las mismas posibilidades. Importa lo que producen, los costes que tienen y también sus construcciones, accesos y usos permitidos. Por eso, el precio medio sirve de referencia, pero una inversión exige estudiar cada finca”, señala Regino Coca, fundador y CEO de Cocampo.

La conclusión del informe es que los precios medios conservan utilidad para seguir el mercado, aunque informan mucho más cuando se desglosan por cultivo y territorio. Para valorar una finca -y su capacidad de proteger valor a largo plazo- es necesario conocer sus características y posibilidades concretas.

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