Mizancho, Churriago, Moscatel serrano, Azargón, Moribel, Tinto fragoso, Pintada, Montonera del Casar, Blanca del tollo, Zurieles, Maquías, Sanguina, Albillo dorado, Marisancho o Pardillo, Moravia agria, Pintaillo, Tardana, Rojal, Coloraillo, Tinto velasco y Moravia dulce son algunas de las variedades de uva incluidas en la primera fase del proyecto “Selección de biotipos autóctonos de variedades de vid castellanomanchegas”, encaminado a la recuperación y selección de biotipos autóctonos de vid en la región.
Grupo Operativo Biovidman
Este proyecto, para el que se creó el Grupo Operativo Biovidman, tiene como objetivo principal la conservación de la variabilidad genética presente en los viñedos castellanomanchegos y mejorar la disponibilidad de material vegetal de las variedades Bobal y Airén, así como otras, minoritarias pero presentes aún hoy en los viñedos de la región y parte del patrimonio vegetal y agronómico de la misma.
“El estudio y la futura validación de clones certificados de estas variedades supone, además, afrontar los posibles cambios derivados del cambio climático, siempre de cara al mantenimiento de la actividad vitivinícola y la producción de vinos de calidad”, resalta Lorenzo López Orozco, gerente de la bodega La Niña de Cuenca, responsable de la coordinación técnica del proyecto.
99 biotipos de Bobal
“El trabajo realizado hasta ahora es la base”, señala Lorenzo López, “A partir de este momento tendrán que desarrollarse iniciativas complementarias, en diferentes líneas de investigación, que vayan evaluando y creando una serie de resultados aplicables de manera efectiva y con los que se asegure la conservación de este extraordinario material vegetal”.
Ese material está formado por una gran variedad de genotipos identificados y plantados en dos parcelas diseñadas de manera semejante, pero en distintas localizaciones. “Son parcelas de dos hectáreas, una en Cenizate (Albacete) y otra en Tomelloso (Ciudad Real), en terrenos del IVICAM.
Las dos parcelas son idénticas en cuanto al número y el tipo de injertos. Lo que cambia son las condiciones edafoclimáticas: una está en una ubicación con un clima más mediterráneo-continental como es La Manchuela y la otra en un enclave con un clima más seco y situado a una menor altitud (La Mancha) y donde la influencia de elementos como cerros o cordilleras también es menor”, explica López. Con ello, se podrá observar cómo se comportan las plantas en diferentes escenarios reales.


























