“Por evitar sacrilegios, que la procesión no salga; por no irritar a lo malo, que lo bueno no se haga”.
San Francisco Javier, advertía en “El Divino Impaciente”, del peligro de que, por temor a un mal posible, acabemos impidiendo un bien necesario.
Su enseñanza no es una invitación a ignorar los riesgos, sino una advertencia contra la parálisis.
La prevención de los incendios forestales es una obligación incuestionable. Nadie discute que, cuando concurren altas temperaturas y condiciones extremas, deban extremarse las precauciones.
Pero la prevención, para ser verdaderamente eficaz, debe apoyarse en una evaluación rigurosa y proporcionada del riesgo y procurar, siempre que sea posible, alternativas viables que permitan el desarrollo de la actividad. De lo contrario, corre el riesgo de convertirse en una prohibición indiscriminada.
El Índice de Propagación Potencial (IPP) es una herramienta técnica de enorme utilidad para valorar el comportamiento potencial de un incendio y establecer limitaciones cuando realmente concurren las circunstancias que lo justifican. Esta información habrá de procurar que sea accesible y puntual, teniendo en cuenta el destinatario de esta información, que son los que han de tomar decisiones sobre el terreno.
La protección del monte y la continuidad de la actividad agraria no deberían plantearse como objetivos incompatibles.
Si el riesgo existe, gestionémoslo con inteligencia: determinando con precisión dónde, cuándo y en qué condiciones es realmente elevado; permitiendo la cosecha allí donde puedan adoptarse medidas preventivas eficaces; reforzando los medios de vigilancia y de primera intervención; o adaptando horarios y protocolos.
Porque si de las medidas impuestas, resulta imposible cosechar durante días enteros, porque las medidas preventivas son imposibles de adoptarse, también tiene consecuencias económicas y sociales muy graves para quienes dependen de esa labor.
Evitar el incendio es un bien. Pero también lo es permitir que el agricultor recoja el fruto de un año entero de trabajo. No debemos elegir entre una cosa y otra, sino en hacer compatibles ambos mediante decisiones técnicas, proporcionadas, fundamentadas y posibles.
Y si de esta ecuación lo único que no cuadra es que sea posible, porque la cosa no da para cisternas, más operarios, más máquinas… porque no cabe ya ni un duro de canto en el apartado de costes… el problema es otro y tendremos que abordarlo, o nos abordará el problema, o el problema ya nos habrá abordado.
Que el miedo al riesgo no termine convirtiéndose en un riesgo aún mayor: el de impedir, que lo bueno pueda hacerse
Alberto Marcilla López. Director Banca Rural Globalcaja



























