AgroCLM entrevista a José María Fresneda: “Tienen que dejar de hacer política agraria desde los despachos y hacerla desde el campo”

José María Fresneda

AgroCLM entrevista en su décimo aniversario al presidente de ASAJA Castilla-La Mancha, José María Fresneda, que habla claro y sin pelos en la lengua sobre el presente y el futuro del campo, la política agraria europea y los desafíos que afrontan agricultores y ganaderos

Titulares

-“La propia PAC ha expropiado la capacidad de decisión de los empresarios agrarios”.
-“Pedimos algo tan sencillo como que se pueda producir y vivir dignamente de producir”.
-“Se ponen cada vez más trabas para trabajar mientras nuestros montes acumulan biomasa y nuestros cauces permanecen sin una gestión adecuada”.
-“Lo primero es dejar de hacer política agraria desde los despachos y empezar a hacerla desde la realidad del campo”.
-“El verdadero peligro es que Europa termine dependiendo de terceros países para alimentar a su propia población”.
-“Debemos exigir responsabilidades por el fracaso de políticas de Desarrollo Rural”.
-“Si una Administración dice que no tiene dinero para garantizar la sanidad ganadera, está diciendo que no considera la ganadería una prioridad”.
-“Somos una de las regiones vitivinícolas más importantes del mundo y seguimos sin una política suficientemente ambiciosa para defender y fortalecer el sector del vino”.

José María Fresneda

Pregunta. La agricultura española está cada vez más condicionada por decisiones políticas e ideológicas que por criterios técnicos y por la realidad económica. ¿Por qué cree que se ha llegado a esta situación?

Respuesta. Creo que el origen de esta situación está en el cambio de filosofía que experimentó la Unión Europea hace años. Se apostó por un modelo que prioriza determinados planteamientos medioambientales sin tener suficientemente en cuenta la realidad productiva del campo. A partir de ese momento, muchas de las decisiones adoptadas han ido en esa dirección y sus consecuencias son las que hoy estamos sufriendo agricultores y ganaderos.

«La propia Política Agraria Comunitaria ha expropiado la capacidad de decisión de los empresarios agrarios»

Hay una política que parece más interesada en tener ciudadanos subsidiados que en tener ciudadanos independientes. La propia Política Agraria Comunitaria ha expropiado la capacidad de decisión de los empresarios agrarios.

Porque un agricultor que puede vivir dignamente de lo que produce no necesita que ningún político le diga qué ayuda puede recibir ni cuándo. Lo que queremos son condiciones para que nuestras explotaciones sean rentables, no dependencia de las ayudas.

Pregunta. ¿Considera que quienes diseñan estas políticas conocen realmente la realidad del campo y las dificultades a las que se enfrentan agricultores y ganaderos?

Respuesta. Yo creo que la realidad del campo la conocen. Otra cosa muy distinta es que quieran escucharla y, sobre todo, que estén dispuestos a actuar en consecuencia.

La ideología genera un criterio y los técnicos sectarios (UE, Ministerios, Consejerías…) transforman este criterio en una propuesta técnica de aplicación

La ideología genera un criterio y los técnicos sectarios (UE, Ministerios, Consejerías…) transforman este criterio en una propuesta técnica de aplicación, y el político ideólogo transforma esta propuesta técnica en una propuesta legislativa. No se aplican criterios de necesariedad, valoración y repercusión de la norma, sólo ideología.

El problema es que muchas veces da la sensación de que no quieren cambiar de rumbo porque persiguen un modelo de agricultura que no tiene nada que ver con la realidad de quienes producen alimentos. Y eso es muy peligroso.

Después de las movilizaciones agrarias y de las últimas elecciones europeas parecía que, por fin, se había entendido el mensaje. Parecía que Europa había comprendido que no se puede legislar contra quien tiene que producir. Pero hoy seguimos teniendo más burocracia, más exigencias, más costes y más incertidumbre. Por tanto, hay que decirlo claramente: el mensaje se escuchó, pero no se ha querido escuchar de verdad. La ideología urbanita no se puede aplicar al campo.

Y nosotros no pedimos privilegios. Pedimos algo tan sencillo como que se pueda producir y vivir dignamente de producir. Si las políticas agrarias no consiguen eso, entonces esas políticas están fracasando.

Pedimos algo tan sencillo como que se pueda producir y vivir dignamente de producir. Si las políticas agrarias no consiguen eso, entonces esas políticas están fracasando.

Pregunta. ¿Cree que la actual Comisión Europea ha incumplido las expectativas que generó tras las movilizaciones del sector?

Respuesta. Sí, claramente. La Comisión Europea ha traicionado las expectativas que generó en el campo. El mensaje de los agricultores fue muy claro: había que cambiar el rumbo de unas políticas que estaban poniendo en riesgo la viabilidad de nuestras explotaciones

seguimos prácticamente en la misma dirección: más burocracia, más costes, más exigencia y menos rentabilidad

Sin embargo, seguimos prácticamente en la misma dirección: más burocracia, más costes, más exigencia y menos rentabilidad. No se trata de ideologías ni de colores políticos. Se trata de algo mucho más sencillo: si Europa quiere seguir produciendo alimentos, tiene que garantizar primero que sus agricultores y ganaderos puedan vivir de sus productos. Y eso, hoy, no está garantizado.

Pregunta. Cada vez se exige más a los agricultores producir de forma sostenible, mientras se permite la entrada de productos procedentes de terceros países que no cumplen esas mismas exigencias. ¿Se está colocando al productor europeo en una situación de clara desventaja?

Respuesta. Sin ninguna duda. No podemos exigirle cada vez más al agricultor y al ganadero europeo —más bienestar animal, más requisitos medioambientales, más restricciones y más costes— y después abrir nuestras fronteras a productos de países que no tienen que cumplir las mismas reglas.

Eso no es competencia en igualdad de condiciones. Si Europa quiere exigir los estándares más altos del mundo, perfecto, pero esas mismas exigencias tienen que aplicarse a todo producto que entre en el mercado europeo. Lo contrario es condenar al productor europeo a desaparecer. Las exigencias de la UE a nuestros agricultores y ganaderos sólo generan desventajas en el libre comercio.

José María Fresneda

Pregunta. Usted ha afirmado en varias ocasiones que la Unión Europea está poniendo en riesgo esa soberanía alimentaria. ¿Por qué?

Respuesta. Porque las decisiones que se están adoptando reducen la capacidad de producir alimentos dentro de Europa. Si se limita cada vez más la actividad agraria y, al mismo tiempo, se depende de productos importados que no cumplen nuestras mismas normas, estamos renunciando poco a poco a nuestra propia capacidad de abastecimiento.

La soberanía alimentaria no se garantiza importando alimentos desde otros continentes

Por eso considero que tanto la Comisión Europea como los gobiernos que respaldan estas políticas están cometiendo un grave error. La soberanía alimentaria no se garantiza importando alimentos desde otros continentes; se garantiza manteniendo un sector agrario fuerte, competitivo y rentable.

Además, muchas veces se presenta el presupuesto de la Política Agraria Común como la solución a todos los problemas, cuando en realidad esas ayudas compensan únicamente parte de los sobrecostes derivados de las exigencias que impone la propia normativa europea. El verdadero problema sigue siendo el mismo: el riesgo creciente de perder capacidad productiva en España y en toda Europa.

Pregunta. Se suele afirmar que agricultores y ganaderos desempeñan un papel fundamental en la conservación del medio natural. Sin embargo, las restricciones son cada vez mayores. ¿Existe una contradicción?

Respuesta. Absolutamente. Hemos pasado de reconocer que agricultores y ganaderos eran parte de la solución a tratarlos muchas veces como si fueran parte del problema. Durante décadas se ha sabido que la ganadería extensiva limpia el monte, que el agricultor mantiene zonas de protección y que el trabajo diario en el campo es una herramienta fundamental para prevenir incendios.

Pero hemos llegado a un punto en el que, en aras de mantener una determinada idea de sostenibilidad, se ha quitado al propietario la capacidad de decidir sobre el uso de su propia propiedad. Y eso es muy grave.

Se ponen cada vez más trabas para trabajar mientras nuestros montes acumulan biomasa y nuestros cauces permanecen sin una gestión adecuada. Y cuando llega el incendio, entonces todos nos llevamos las manos a la cabeza.

Prevenir un incendio no consiste en prohibir; consiste en gestionar el territorio

incendio

Prevenir un incendio no consiste en prohibir; consiste en gestionar el territorio. Y para gestionar el territorio hacen falta agricultores, ganaderos y propietarios que puedan trabajar y tomar decisiones sobre sus tierras.

La sostenibilidad ha expropiado, de forma silenciosa, la capacidad de decisión de uso de un propietario sobre su propiedad: “a partir de ahora harás las cosas que te diga, cuando y como yo diga…”.

En aras de mantener una determinada idea de sostenibilidad, se ha quitado al propietario la capacidad de decidir sobre el uso de su propia propiedad. Y eso es muy grave.

Prevenir un incendio no consiste en prohibir; consiste en gestionar el territorio.

Pregunta. ¿Qué debería cambiar para que las políticas agrarias vuelvan a basarse en criterios técnicos, económicos y sociales?

Respuesta. Lo primero es dejar de hacer política agraria desde los despachos y empezar a hacerla desde la realidad del campo. Hay que escuchar a los agricultores y ganaderos, pero también a los científicos y a los técnicos independientes.

No cuestionamos la protección del medio ambiente. Lo que cuestionamos es imponer medidas por ideología sin evaluar sus consecuencias económicas y productivas.

Cada norma debería demostrar que cumple su objetivo sin poner en riesgo la rentabilidad de las explotaciones ni nuestra capacidad para producir alimentos. Porque una política agraria que consigue mejorar el medio ambiente a costa de que desaparezcan los agricultores y ganaderos no es una buena política: es un fracaso.

Siempre hay una ideología, cómplice necesaria, para que esto suceda. El actual deterioro y desequilibrio de los hábitats, el despoblamiento rural, la falta de infraestructuras de protección frente a riesgos (DANA…), la falta de control sobre especies, las prohibiciones sobre el uso y disponibilidad del agua, las figuras de protección (ZEPA, LIC, parques…) que crean santuarios vacíos, los grandes incendios forestales……somos víctimas de esta ideología.

Este sectarismo ideológico está aprovechando el viento de cola, pero nos llevan a un puerto equivocado

Este sectarismo ideológico está aprovechando el viento de cola, pero nos llevan a un puerto equivocado. Estamos pagando las consecuencias. Estamos en manos de conservacionistas de sofá y  alarmistas climáticos. Sólo generan miedos y prohibiciones. Los de hoy ya no nos valen, los ciudadanos necesitamos profesionales técnicos y políticos que nos ayuden a adaptarnos, no a que nos echen la culpa.

Una política agraria que consigue mejorar el medio ambiente a costa de que desaparezcan los agricultores y ganaderos no es una buena política: es un fracaso.

Pregunta. ¿Cuál considera que es el mayor riesgo para la agricultura y la ganadería en los próximos años?

Respuesta. Sin restar importancia al cambio climático, al agua o a la competencia internacional, el mayor riesgo es que sigamos aplicando políticas que hagan inviable producir y no impidan decidir sobre nuestro propio territorio.

Si no cambia este rumbo, el problema ya no será solo que el agricultor gane menos, sino que cada vez habrá menos agricultores, menos ganaderos y menos capacidad para producir nuestros propios alimentos.

melones

Y ese es el verdadero peligro: que Europa termine dependiendo de terceros países para alimentar a su propia población. Cuando se pierde la capacidad de producir alimentos, se pierde también una parte esencial de nuestra soberanía.

Ese es el verdadero peligro: que Europa termine dependiendo de terceros países para alimentar a su propia población. Cuando se pierde la capacidad de producir alimentos, se pierde también una parte esencial de nuestra soberanía.

Pregunta. Uno de los asuntos más controvertidos es la prevención de incendios y las restricciones impuestas durante las campañas de cosecha. ¿Se está abordando correctamente este problema?

Respuesta. El enfoque es equivocado y ya está bien de hacer pagar al agricultor los errores de planificación de las administraciones. Cada verano se pone el foco sobre el agricultor y sobre la maquinaria agrícola, como si el problema de los incendios fueran las cosechadoras. Y eso es una simplificación absolutamente inaceptable.

El agricultor no puede ser tratado como un delincuente ni quedar a expensas de una prohibición de última hora

El agricultor tiene derecho a trabajar. Si cumple las medidas de prevención que le exige la Administración, no puede ser tratado como un delincuente ni quedar a expensas de una prohibición de última hora.

Y si la Administración decide paralizar una cosecha, que lo haga, pero que pague las consecuencias de su decisión. No puede prohibir trabajar y después dejar al agricultor solo ante las pérdidas.

No vamos a aceptar que el agricultor sea siempre el pagano: cuando hay que exigir, se le exige; cuando hay que prohibir, se le prohíbe; pero cuando llega la hora de compensar las pérdidas, entonces nadie se hace responsable. Eso tiene que terminar.

Hemos asistido a una aceptable criminalización de los agricultores a los que han acusado injustamente de provocar incendios. A la sociedad llegan mensajes confusos y esto se traduce en la gran polarización que envenena todo el panorama. Se ha llegado a decir en redes que defender cosechar era de ultraderecha, pero, ¿dónde vamos a llegar?

No vamos a cerrar este debate en septiembre, el mensaje lanzado por la comunidad científica ha sido muy claro, el problema no está en el origen del fuego, sino en el combustible que encuentra el fuego.

ovejas pastando

 

Pregunta. La ganadería extensiva atraviesa una situación muy complicada. Se habla constantemente de proteger la biodiversidad y conservar el territorio, pero muchos ganaderos sienten que esta actividad se está dejando desaparecer. ¿Comparte ese diagnóstico?

Respuesta. Sin ninguna duda. Hay una enorme contradicción entre lo que se dice y lo que se hace. Todos los políticos hablan de proteger la biodiversidad, prevenir incendios y mantener vivos nuestros pueblos, pero mientras tanto estamos haciendo imposible que un ganadero pueda seguir trabajando.

Desde ASAJA propusimos a la Consejería un verdadero plan estratégico para la ganadería, con soluciones reales, pero no podemos seguir haciendo planes sobre el papel mientras las explotaciones siguen cerrando.

Hoy un ganadero tiene que afrontar falta de rentabilidad, costes disparados, falta de mano de obra y una burocracia que no deja de crecer

Hoy un ganadero tiene que afrontar falta de rentabilidad, costes disparados, falta de mano de obra y una burocracia que no deja de crecer. ¿Y después nos preguntamos por qué no hay relevo generacional?

Si de verdad queremos proteger el territorio, primero tenemos que proteger a quienes lo mantienen. Porque cuando desaparezca el último ganadero de nuestros pueblos, no habrá ninguna subvención ni ningún plan estratégico capaz de sustituirlo.

Por ejemplo, la Consejería de Agricultura, a través de la PAC, impide que se pueda pastorear la superficie que hoy se está quemando (CAP, Coeficiente de admisibilidad de pastos…) Así no vamos a ningún lado.

Debemos exigir responsabilidades por el fracaso de políticas de Desarrollo Rural, cada vez es más difícil incorporarse a la actividad y sobrevivir en ella. Los gobiernos han manejado cantidades de dinero mal utilizado.

Si de verdad queremos proteger el territorio, primero tenemos que proteger a quienes lo mantienen. Porque cuando desaparezca el último ganadero de nuestros pueblos, no habrá ninguna subvención ni ningún plan estratégico capaz de sustituirlo.

Pregunta. ¿Qué medidas considera prioritarias para asegurar la viabilidad de la ganadería?

Respuesta. Lo primero es un plan sanitario de verdad, con recursos y soluciones, no más documentos ni más declaraciones. El ganadero necesita que la Administración le proteja y le permita trabajar, no que le ponga más obstáculos.

Y aquí hay que hablar claro: si una Administración dice que no tiene dinero para garantizar la sanidad ganadera, está diciendo que no considera la ganadería una prioridad. No hay más interpretación posible.

Porque dinero hay. Lo que hay que decidir es en qué se gasta. Y mientras se destina dinero a otras cosas, no podemos aceptar que se diga al ganadero que no hay recursos para proteger su explotación.

Sin ganaderos no hay ganadería; sin ganadería no hay territorio vivo. Y si seguimos por este camino, acabaremos pagando muy caro haber dejado desaparecer un sector que después será imposible recuperar.

Si una Administración dice que no tiene dinero para garantizar la sanidad ganadera, está diciendo que no considera la ganadería una prioridad. No hay más interpretación posible.

regadío

Pregunta. Otro de los grandes problemas del sector es el agua. ¿Cree que esta cuestión se está abordando desde criterios técnicos o desde posiciones ideológicas?

Respuesta. El agua se está gestionando demasiado desde la ideología y demasiado poco desde la técnica. Y con el agua no se puede jugar: es futuro, empleo, riqueza y territorio.

Mientras nosotros planteamos soluciones, otros se empeñan en poner límites al desarrollo del regadío

Llevamos años proponiendo soluciones para almacenar, modernizar regadíos y aprovechar mejor cada gota. Pero mientras nosotros planteamos soluciones, otros se empeñan en poner límites al desarrollo del regadío.

El problema no se resuelve demonizando a los regantes ni enfrentándose a las confederaciones hidrográficas. Se resuelve haciendo política hidráulica, invirtiendo y garantizando agua para producir.

El sector necesita tener un horizonte positivo para el uso y acceso al agua, es obligación de los gobiernos generar el recurso necesario para el desarrollo. Si sólo se dedican a sancionar, mejor que se vayan.

El problema no se resuelve demonizando a los regantes ni enfrentándose a las confederaciones hidrográficas. Se resuelve haciendo política hidráulica, invirtiendo y garantizando agua para producir.

Pregunta. Usted ha hablado en varias ocasiones del conflicto político que rodea al agua.

Respuesta. Sí, y hay que decirlo muy claro: el agua se ha convertido demasiadas veces en un arma política, mientras los agricultores seguimos esperando soluciones.

Aquí se habla mucho de trasvases y de enfrentamientos entre territorios, pero el agricultor no quiere enfrentarse con nadie. Quiere agua para poder producir.

Por eso, el conflicto no lo generan los agricultores; lo generan quienes llevan décadas utilizando el agua políticamente sin resolver el problema.

La responsabilidad es de los poderes públicos. Que dejen de utilizar el agua para hacer política y empiecen a hacer política para garantizar agua.

La responsabilidad es de los poderes públicos. Que dejen de utilizar el agua para hacer política y empiecen a hacer política para garantizar agua.

Pregunta. ¿Cree que las administraciones están asumiendo esa responsabilidad?

Respuesta. No. Creo que falta voluntad política para afrontar el problema de manera conjunta y con una estrategia común.

Se han presentado numerosas propuestas y ha costado muchísimo alcanzar acuerdos institucionales, incluso en cuestiones que deberían situarse por encima de cualquier interés partidista. Echo en falta una verdadera unidad de acción que permita defender con firmeza los intereses de esta región ante el Gobierno de España y ante las instituciones europeas.

Mientras eso no ocurra, seguiremos viendo cómo el debate político sustituye a las soluciones reales.

Pregunta. Suele afirmar que el dato debe imponerse al relato. ¿Qué quiere decir con esa expresión?

Respuesta. Significa que la realidad no se puede maquillar con propaganda. Los datos son los que son: explotaciones que cierran, agricultores que abandonan, costes que se disparan, falta de rentabilidad y problemas cada vez mayores para acceder al agua.

Podemos construir todos los relatos políticos que queramos, pero los números no tienen ideología. Y cuando los datos dicen que cada vez es más difícil producir, hay un problema que alguien tiene que resolver.

Por eso lo decimos claramente: menos relato y más realidad. Menos propaganda y más decisiones. Porque con discursos no se mantiene una explotación, no se produce comida y no se mantiene vivo un pueblo.

Por eso lo decimos claramente: menos relato y más realidad. Menos propaganda y más decisiones. Porque con discursos no se mantiene una explotación, no se produce comida y no se mantiene vivo un pueblo.

Pregunta. ¿Cree que los responsables políticos están respaldando suficientemente al sector agrario?

Respuesta. No. Y sinceramente, estamos hartos. Hartos de que los agricultores y ganaderos sean siempre los que pagan las consecuencias de las decisiones políticas y de que, cuando reclamamos soluciones, se nos responda con más burocracia, más reuniones y más promesas.

El campo se ha convertido en un arma arrojadiza entre unos y otros, y mientras los políticos se enfrentan, las explotaciones cierran

Aquí parece que importa más defender al sistema que defender a quien trabaja. El campo se ha convertido en un arma arrojadiza entre unos y otros, y mientras los políticos se enfrentan, las explotaciones cierran.

Nosotros no queremos privilegios. Queremos que nos dejen trabajar, que se gobierne con sentido común y que se tomen decisiones pensando en quien produce, no en quién se lleva el titular.

Y lo digo con toda claridad: esto ya no aguanta más. Si los responsables políticos no son capaces de ponerse de acuerdo para defender al campo, tendremos que ser los propios agricultores y ganaderos quienes nos plantemos. Porque estamos hablando de nuestro futuro, de nuestros pueblos y de algo tan básico como es producir alimentos.

La clase política se somete, cada cuatro años, a examen, pero creo que en estos momentos se ha llegado a un punto de hartazgo en los agricultores y ganaderos que no aguantan más mentiras. El sector ha podido comprobar la realidad y las verdaderas intenciones del gobierno actual y del resto de los partidos. Lo hemos visto en promesas incumplidas como atajar el problema de los conejos y la fauna silvestre en general y lo hemos visto con las dificultades para poder acabar la cosecha. Veremos cuáles son las consecuencias de tantas mentiras.

Aquí parece que importa más defender al sistema que defender a quien trabaja. El campo se ha convertido en un arma arrojadiza entre unos y otros, y mientras los políticos se enfrentan, las explotaciones cierran.

Pregunta. Otro de los asuntos que preocupa especialmente al sector es la proliferación de conejos y la fauna general y los daños que ocasionan en los cultivos. ¿Cómo valora la gestión de este problema?

daños de conejos

Respuesta. Estamos absolutamente hartos. Llevamos años escuchando a las administraciones prometer soluciones, aprobar medidas y anunciar actuaciones que después no se cumplen o llegan tarde, mientras los conejos siguen devorando las cosechas.

Y aquí no estamos hablando de una molestia menor. Estamos hablando de agricultores que ven cómo una parte de su trabajo desaparece literalmente delante de sus ojos y cómo sus explotaciones pierden rentabilidad por una plaga que las administraciones no están siendo capaces de controlar

Hemos dado tiempo, hemos aportado propuestas y hemos confiado en los compromisos de la Administración. Pero se acabó el tiempo de las promesas. Queremos hechos.

Mientras la Administración promete, los conejos comen y el agricultor pierde dinero

Porque mientras la Administración promete, los conejos comen y el agricultor pierde dinero.Y eso es absolutamente inaceptable.

Si las medidas comprometidas no se cumplen, ASAJA va a exigir responsabilidades y va a utilizar todas las herramientas legales y de movilización que estén a nuestro alcance. No vamos a permitir que nuestros agricultores sigan pagando las consecuencias de una inacción que dura demasiado tiempo. Tanta mentira no se puede mantener en el tiempo.

Es incomprensible que la solución del problema de los conejos esté en manos de este sectarismo ideológico de la consejería, vamos a destapar y ponerle cara al que no quiere arreglar el problema. Le exigiremos responsabilidades.

Mientras la Administración promete, los conejos comen y el agricultor pierde dinero. Y eso es absolutamente inaceptable.

Pregunta. Usted ha insistido durante toda la entrevista en la necesidad de defender el modelo productivo. ¿Ese es el principal objetivo de la organización?

Respuesta. Sin ninguna duda. Nuestra prioridad es garantizar la continuidad del modelo productivo agrario. No tiene sentido exigir a un agricultor que siga produciendo si hacerlo supone trabajar a pérdidas o asumir riesgos que hacen inviable su explotación.

Vamos a denunciar cualquier medida, venga de donde venga, que reduzca la capacidad de producir alimentos o que ponga en peligro la rentabilidad de las explotaciones. No se trata de una cuestión partidista. Nuestro compromiso es con los agricultores y los ganaderos.

Y en relación a la PAC no vamos a aceptar medidas que supongan pérdidas de renta para los profesionales del campo.

La PAC debe ser una política incentivadora y justa para los agricultores y agriculturas profesionales. Debe fortalecer y consolidar el sistema productivo, debe protegerlo frente a amenazas de terceros. Claro que si, debe definir retos ambientales adaptados al territorio, creíbles, verificables, cuantificables y debe compensar su aplicación.

La PAC debe tener un presupuesto indiscutible por que es necesaria

La PAC debe tener un presupuesto indiscutible por que es necesaria. La PAC debe tener herramientas para ofrecer un horizonte estable y predecible de desarrollo de la actividad, debe dar respuesta, no sólo económica, a cualquier acontecimiento que desestabilice la cadena de suministro y abastecimiento. En definitiva, un consenso común para recuperar nuestra soberanía.

Pregunta. ¿Qué mensaje trasladaría a una sociedad que, en muchas ocasiones, desconoce la realidad del campo?

Respuesta. Lo primero que pediría es que no se deje arrastrar por la confrontación permanente que existe alrededor de la agricultura y la ganadería.

El campo no debería convertirse en un instrumento de enfrentamiento político. La inmensa mayoría de la sociedad comparte un objetivo común: disponer de alimentos seguros, de calidad y producidos con garantías.

Y eso solo es posible gracias al trabajo diario de agricultores y ganaderos.

puerto

Los ciudadanos deben saber que los alimentos producidos en Europa cumplen algunas de las normas más exigentes del mundo en materia de seguridad alimentaria, bienestar animal y protección medioambiental. Ese esfuerzo tiene un coste, y ese coste lo asumen quienes trabajan en el campo. Necesitamos la complicidad de la sociedad, que no nos vean como seres lejanos que viven en el campo perdidos, sino como unos aliados suyos porque somos los que garantizamos su alimentación. Lo que nos pase a nosotros va repercutir en todos y cada uno de los ciudadanos de este país.

Pregunta. Para terminar, ¿qué debería cambiar en los próximos años?

Respuesta. Para el sector agrario, el sistema. Quiero una Castilla-La Mancha que tenga una política agraria que defienda de verdad al sector, que lidere y que tome decisiones pensando en agricultores y ganaderos, no una política que se limite a gestionar ayudas.

Este verano hemos visto situaciones que no podemos volver a permitir. No puede ser que se llegue a impedir a un agricultor algo tan básico como recoger su cosecha, o que por la presencia de un determinado animal se establezcan automáticamente restricciones que afectan a decenas de kilómetros y perjudican a agricultores y ganaderos.

Necesitamos criterios técnicos, sentido común y decisiones que tengan en cuenta la realidad del campo

Necesitamos criterios técnicos, sentido común y decisiones que tengan en cuenta la realidad del campo.

Y tenemos ejemplos muy preocupantes. Somos una de las regiones vitivinícolas más importantes del mundo y seguimos sin una política suficientemente ambiciosa para defender y fortalecer el sector del vino.

Y entonces me hago una pregunta: ¿qué joven va a querer dedicarse al campo viendo este panorama y lo que se avecina? Si ofrecemos menos rentabilidad, más burocracia, más restricciones y más incertidumbre, el relevo generacional será imposible.

Y quiero lanzar una advertencia: el abandono del campo no ocurre de un día para otro. Primero desaparece la rentabilidad, después cierran las explotaciones y finalmente desaparece el relevo generacional. Cuando dentro de unos años veamos las consecuencias, diremos que ya lo habíamos advertido. Pero entonces puede ser demasiado tarde.

No podemos seguir siendo las víctimas y el objetivo de esta ideología, sobran normas, prohibiciones y plazos; falta confianza, cercanía y conocimiento.

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