El campo español mira hacia los cultivos leñosos, con 440.000 nuevas hectáreas

Mientras los herbáceos retroceden

olivar andaluz

La agricultura española ha vivido en la última década una transformación silenciosa pero profunda. Entre 2012 y 2022, apenas ha cambiado la superficie agraria total, pero sí su composición: los cultivos leñosos han ganado más de 440.000 hectáreas, mientras los herbáceos retroceden.

El cambio responde a una estrategia clara del agricultor: adaptarse a un escenario de menor pluviometría, mayor incertidumbre y mejores precios en determinados cultivos. El ajuste del modelo productivo es evidente:

-Cultivos leñosos: +9,1% (+440.000 hectáreas)

-Cultivos herbáceos: −7%

Lejos de tratarse de una fluctuación coyuntural, el informe sobre los cambios de uso del suelo elaborado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación confirma una reorientación estructural del sistema agrario español, señalan desde ASAJA.

¿De dónde sale la nueva superficie?

Una parte importante del crecimiento de los leñosos procede directamente de otros usos del suelo:

-355.874 ha proceden de cultivos herbáceos.

-191.996 ha proceden de barbecho.

En total, el 11% de los leñosos actuales ocupaban otro uso en 2012. Frente a ello, el movimiento inverso es mínimo, lo que confirma la dirección del cambio.

Los grandes ganadores de este cambio son los frutos secos, el olivar y los cultivos emergentes. El crecimiento de los leñosos no ha sido homogéneo. Algunos cultivos destacan claramente:

-Pistacho: +1.977% (expansión explosiva).

-Caqui: +66%.

-Aguacate: +56%.

-Limonero: +44%.

-Almendro: +29,5%.

-Olivar: +7%.

-Viñedo: −2%.

El cambio no es solo de cultivo, sino de modelo productivo. Se observa una tendencia clara hacia los arbóreos en riego.

-Almendro en regadío: +337%.

-Olivar en regadío: +19%.

-Viñedo en regadío: +19%.

Esto implica una mayor inversión, mayor productividad y mayor dependencia del agua.

¿Qué hay detrás de esta transformación?

El Ministerio identifica varios factores clave:

-Menos lluvias y mayor irregularidad climática.

-Mejores precios en aceite, frutos secos y tropicales.

-Mayor valor añadido y exportación.

-Necesidad de diversificar riesgos.

La agricultura española no ha cambiado tanto en superficie como en orientación. En apenas diez años, el campo ha girado hacia cultivos más estables, tecnificados y orientados al mercado.

Para el agricultor este proceso no es ajeno: refleja una tendencia de fondo que condicionará las decisiones de inversión, el uso del agua y la estructura productiva en los próximos años.

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