La Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) ha reclamado a la Comisión Europea que actualice la directiva de Nitratos para facilitar el uso de fertilizantes orgánicos locales y reducir la dependencia exterior.
La Comisión Europea ha hecho pública la evaluación de la Directiva 91/676/CEE (Directiva de Nitratos), concluyendo que el límite de 170 kg de nitrógeno por hectárea procedente de estiércoles ganaderos debe mantenerse.
Desde COAG respetan el trabajo técnico realizado por la Comisión, pero consideramos que esta evaluación representa una oportunidad perdida para adaptar la normativa a la realidad agraria, tecnológica y climática de 2026.
Proteger la calidad de las aguas
“Compartimos plenamente el objetivo de proteger la calidad de las aguas y reducir la contaminación por nitratos. Sin embargo, mantener sin cambios un límite fijado hace más de treinta años ignora los importantes avances alcanzados en gestión de purines, agricultura de precisión, tratamiento de estiércoles, digestión anaerobia, valorización del digestato y sistemas de monitorización de nutrientes”, ha argumentado el responsable de Ganadería de COAG, Jaume Bernis.
Buena muestra de ello es que, sólo en 2024, la gestión de estiércoles logró reducir sus emisiones de amoniaco un 14,9%, según los últimos datos publicados por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación el 18 de agosto, gracias en buena parte a la progresiva implantación de las Mejores Técnicas Disponibles (MTDs) en el sector porcino intensivo y en el avícola.
Además, los propios documentos de la Comisión reconocen que el principal problema no es el valor de 170 kg N/ha en sí mismo, sino la concentración de la producción ganadera en determinadas regiones europeas.
Por ello, la solución no pasa únicamente por mantener un límite uniforme para todos los territorios, sino por facilitar una gestión más eficiente y circular de los nutrientes.
Proceso de revisión
COAG propone abrir un proceso de revisión que permita elevar el límite hasta 230 o 250 kg de nitrógeno por hectárea en aquellas explotaciones y zonas que puedan demostrar, mediante criterios científicos y controles objetivos:
- Equilibrio entre las aportaciones de nitrógeno y las necesidades reales de los cultivos.
- Ausencia de impacto sobre las masas de agua.
- Planes de abonado basados en análisis de suelo y cultivos.
- Utilización de tecnologías de tratamiento y gestión de purines y digestatos.
- Sistemas de trazabilidad y control que garanticen el cumplimiento de los objetivos ambientales.
España ya cuenta, además, con una herramienta que hace viable este control diferenciado: el sistema informatizado Ecogan, que recoge de forma individualizada la información de cada granja comunicada por sus titulares y notificada por las Comunidades Autónomas al ministerio.
Este sistema, uno de los más avanzados de Europa en la estimación de emisiones a nivel de explotación, permitiría precisamente identificar y acreditar qué granjas cumplen los criterios de gestión sostenible necesarios para acceder a los nuevos límites que propone COAG.
De hecho, varios países europeos han obtenido este tipo de excepciones durante los últimos años. Irlanda ha podido aplicar hasta 250 kg N/ha en determinadas explotaciones de vacuno de leche, mientras que otros Estados miembros, como los Países Bajos, Bélgica (Flandes) o Dinamarca, han contado con diferentes regímenes de derogación o autorizaciones específicas en función de las características de sus sistemas productivos y de las garantías ambientales aportadas.
Recurso fertilizante de origen orgánico
“Esta propuesta permitiría aprovechar mejor un recurso fertilizante de origen orgánico, reducir la dependencia de fertilizantes minerales importados, cuyo precio y disponibilidad se ven afectados por la volatilidad internacional, y avanzar hacia una economía circular más eficiente y una reducción de los recursos fósiles”, ha afirmado el responsable de Ganadería de la Ejecutiva de COAG.
Esta dependencia no es baladí: el consumo de fertilizantes nitrogenados, y en particular de urea, está muy condicionado por su precio y disponibilidad, como demostró el fuerte encarecimiento provocado por el estallido de la guerra de Ucrania en 2022, que mantuvo los precios en niveles muy elevados durante buena parte de 2023.
Repunte del uso de fertilizantes
El repunte en el uso de estos fertilizantes registrado en 2024, ya con los precios estabilizados, a ahora con la crisis en Oriente Medio y el cierre del estrecho de Ormuz, ilustra hasta qué punto el campo español sigue expuesto a esta volatilidad internacional cuando podría cubrir parte de esas necesidades con nutrientes orgánicos propios.
Asimismo, COAG considera prioritario impulsar mecanismos que favorezcan la transferencia de nutrientes desde las comarcas con elevada concentración ganadera hacia zonas agrícolas con déficit de materia orgánica y fertilización, contribuyendo a equilibrar el territorio y reduciendo la presión ambiental allí donde realmente existe.
“España dispone de millones de hectáreas de cultivos extensivos con necesidades de fertilización, mientras que determinadas comarcas ganaderas soportan una elevada carga de nutrientes. Una política europea que facilite la valorización, el transporte y el aprovechamiento agronómico de estos recursos permitiría convertir un problema ambiental en una oportunidad para mejorar la fertilidad de los suelos y disminuir las emisiones asociadas a la fabricación de fertilizantes minerales”, ha argumentado Bernis.
























