La situación geopolítica marca, cada vez más, la tendencia de precios del cereal

Análisis de Vicente Marqueta, técnico de APAG

puerto

Vicente Marqueta, técnico de APAG (Asociación Provincial de Agricultores y Ganaderos) de Guadalajara ha analizado el mercado de los cereales, destacando tendencia al alza para trigo, cebada y maíz.

Señala que septiembre comienza con Rusia y Ucrania acumulando trigo, a la espera de recibir las nuevas cosechas de maíz y girasol.

La disrupción en los puertos rusos y ucranianos del Mar Negro y Azov podría restar este año hasta 86 millones de toneladas al comercio mundial de cereales (un 17% del total).

De ese bloqueo, 52 millones son de origen ruso y 34 ucraniano. Ucrania, que exportó 14 millones de toneladas de trigo la campaña pasada, podría caer este año a solo 5-10 millones si sus puertos siguen paralizados. Rusia, por su parte, exportará en septiembre unas 2,2 millones de toneladas, la mitad que en agosto del año pasado.

Toneladas a mansalva sin salida

Todo ese grano debe y debería estar viajando hacia los países compradores pero está bloqueado. Hay un problema de exportabilidad muy grave. Los puertos del Mar Negro no operan al ritmo que el mercado necesita.

Si los puertos del Mar Negro no pueden trabajar al ritmo necesario y las rutas alternativas por carretera, ferrocarril o barcaza no tienen capacidad para sustituirlos el problema no sólo no se resuelve: se encarece enormemente.

Ruta alternativa

Porque mover el cereal por una ruta alternativa cuesta más. Porque los barcos que aceptan entrar en zonas de riesgo cobran más, porque asegurar el flete cuesta más. Y porque el comprador que necesita trigo no puede esperar indefinidamente.

Mientras, el cereal está barato donde se acumula y caro donde hace falta.

Sin ingresos y con asfixia financiera las medidas públicas también han empezado a llegar. Rusia acaba de suspender hasta el 31 de diciembre el arancel a la exportación de trigo, cebada y maíz.

Rusia y Ucrania pueden tener millones de toneladas almacenadas bajando día tras día de precio, y al mismo tiempo, un comprador del Mediterráneo pagar cada vez más por conseguir trigo de otro origen que sí pueda llegarle. Los futuros de Chicago y Matif marcan ya máximos de tres años.

Países importadores

Los países importadores no pueden dejar de comprar trigo porque los barcos no puedan cargar en Rusia o Ucrania. Pueden retrasar compras durante unas semanas, consumir existencias o esperar una solución diplomática. Pero antes o después tienen que volver al mercado.

Y si el trigo barato está atrapado, tendrán que buscar otro: Francia, Rumanía, Bulgaria, Estados Unidos, Australia, Argentina… tienen ese trigo, pero lo que no tienen son toneladas infinitas.

Así que la demanda no desaparece. Se desplaza. Y cuando mucha demanda se desplaza hacia menos oferta disponible, el precio sube.

Los países importadores tienen tanto interés como Rusia y Ucrania en que el cereal vuelva a circular. Y cuanto más tiempo permanezcan bloqueadas las rutas, mayor será la presión internacional para conseguir, al menos, algún tipo de tregua que proteja buques e infraestructuras agrícolas.

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